No lo llames “hasta la primera taza no soy persona”, llámalo “placebo”: tumbando el gran mito del café

Para millones de personas en el mundo, el día no empieza hasta después del café. No para ellos. Los muy cafeteros suelen decir que el café les ayuda a estar más despiertos y concentrados. Y mucho de verdad en lo que dicen.

Sin embargo, para el profesor Nuno Sousa, de la Universidad de Minho, no está tan claro: sobre todo, porque “esas impresiones subjetivas aún no tienen una correlación neurobiológica”.

¿Y si todo fuera una gran mentira?

¿Qué hace realmente el café? Hemos hablado mucho sobre el tema. Para empezar, despeja la mente y quita el sueño. Pero la cosa no acaba ahí. El café “activa la dopamina y actúa sobre la circunvolución del cíngulo anterior”. Esto tiene efectos claros en el rendimiento cognitivo: mejora la memoria ejecutiva, la atención y  la concentración; ayuda a planificar y a seguir  tareas y, por si fuera poco, acelera los tiempos de reacción

En principio, según pensábamos, era el efecto de la cafeína. Lo que esperaríamos de una molécula que actúa bloqueando la acción de la adenosina, un neuromodulador que tiene efectos sedantes e inhibitorios con efectos vasculares y en el sistema nervioso central. Pero, se preguntaron los investigadores del equipo de Sousa, ¿realmente es cosa de la cafeína?

El efecto cafeína es mucho menor del que pensábamos. Para responder a esta pregunta, los investigadores estudiaron el efecto que tenía el café, por un lado, y la cafeína sola, por el otro. Hicieron pruebas de neuroimagen para comprobar qué efectos provocaban tanto lo uno como la otra.

Sus conclusiones fueron que los suplementos de cafeína son incapaces de reproducir plenamente los efectos de beber una taza de café. En términos neurológicos, activan las zonas del cerebro que hacen que uno se sienta más alerta, sí; pero “no las zonas del cerebro que afectan a la memoria de trabajo, el control cognitivo o al comportamiento orientado a objetivos”. Cosas que, como hemos visto más arriba, se suelen asociar al consumo de café.

¿Qué puede estar pasando? Los investigadores rastrearon en la composición química del café para ver qué podría estar detrás de la activación del resto de beneficios cognitivos de la bebida. Infructuosamente. Eso no quiere decir, por supuesto, que no haya otro componente activo ‘perdido’ en las tazas de café.

Quiere decir que merece la pena pensar en otras opciones. Concretamente en el placebo: en la idea de que fisiológicamente el café puede hacer mucho menos de lo que creemos, pero que como lo creemos… el cuerpo hace el resto.

“Existe la expectativa común de que el café aumenta el estado de alerta y el funcionamiento psicomotor”, explicaba Sousa. Su equipo llegó a la conclusión de que había ciertos beneficios “impulsados por factores como el olor y el sabor particulares de la bebida, o la expectativa psicológica asociada al consumo de esa bebida”.

Es decir, que podríamos estar hablando de un placebo.

El gran mito del café. La idea de que el café tiene un importante componente placebo es interesante; sin embargo, está muy lejos de estar demostrada. Hay explicaciones distintas a esta (desde el alivio de los síntomas de abstinencia a las diferencias individuales en el metabolismo de la cafeína) y, como ellos mismos reconocen, necesitan una nueva batería de experimentos antes de darlo por probado.

En Xataka | De entre todos los mitos sobre el café, el peor y el más infundado es que es malo para el corazón

Imagen | Jack Carter


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No lo llames “hasta la primera taza no soy persona”, llámalo “placebo”: tumbando el gran mito del café

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Xataka

por
Javier Jiménez

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