El PSOE de Andalucía celebra sus resultados del 23-J a pesar de encadenar tres fracasos electorales

El PSOE de Andalucía vivió la noche del 23 de julio como una fiesta, pese a encadenar su tercera derrota electoral en 13 meses. El secretario general de los socialistas andaluces, Juan Espadas, considera como un éxito el hecho de haber frenado la mayoría absoluta de PP y Vox y estima que el recuento del pasado domingo, que los dirigentes socialistas celebraron en su sede sevillana San Vicente con aplausos, indica que la federación andaluza, la más numerosa en militantes, “paso a paso va recuperando votos” y “el pulso” lo que le da esperanzas para ser de nuevo alternativa de gobierno y ganar en las europeas de 2024 y autonómicas prevista para 2026.

Pocas alegrías ha vivido este partido desde que en 2018 perdiera la Junta de Andalucía, la mayor empresa de la comunidad, tras casi 37 años consecutivos en el poder. Desde entonces, todo ha ido cuesta abajo y a peor. En junio de 2022, el PP se impuso por mayoría absoluta en el Parlamento autónomo; en las municipales del pasado 28 de mayo el PP de Juan Manuel Moreno consolidó ese cambio y logró los gobiernos municipales de las ocho capitales y las presidencias de seis de las ocho diputaciones; y el 23 de julio, los populares sumaron 25 escaños (10 más) al Congreso de los Diputados, mientras el PSOE sacó 21, cuatro menos. Andalucía es la comunidad que más diputados elige (61).

Ni PP ni PSOE esperaban esos datos. Los populares por exceso: confiaban en alcanzar la treintena a partir de sus encuestas. Y los socialistas por defecto: no daban ni un duro por mantener los 25 escaños de noviembre de 2019, así que los cuatro escaños de diferencia que le ha sacado el PP saben incluso bien.

Espadas se fija en los 564.224 votos que el PSOE ha recuperado en Andalucía desde las autonómicas de junio de 2022, cuando con él como candidato a la presidencia de la Junta sacó 888.325 votos, su suelo electoral. “No estamos exultantes, pero tampoco desaparecidos”, ha dicho ahora. En las municipales de hace dos meses, Espadas justificó la victoria del PP en Andalucía en el “éxito de la estrategia de acoso a Pedro Sánchez”, un argumento que ahora ya no sirve. También algunos alcaldes que fueron apeados, como el de Sevilla, Antonio Muñoz, buscaron en el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez explicaciones a su derrota. “En las municipales había calado esa estrategia de difamación. Y ahora la gente que permaneció callada se ha movilizado y se ha implicado”, ha dicho. La participación en las generales en Andalucía ha sido del 68,9%, siete puntos y medio más que en las locales.

Otro de los argumentos electorales que ahora ha funcionado y que en las andaluzas destrozó al PSOE ha sido el de advertir de una alianza del PP con la extrema derecha para conformar el Gobierno central. Cuando la dirección federal la puso en marcha, algunos responsables provinciales andaluces torcieron el gesto. Discrepaban de que ese mensaje fuera acertado porque tenían muy fresca en la memoria la experiencia andaluza. Cerca de un 16% de votantes socialistas prefirieron votar a Juan Manuel Moreno que a Espadas para evitar la entrada de Vox en el Gobierno andaluz, según la encuesta postelectoral del CIS.

Pero a Pedro Sánchez no solo no le ha ocurrido lo mismo, sino que le ha funcionado después de que PP y Vox llegaran a acuerdos en varias comunidades autónomas como Extremadura o la Comunidad Valenciana. “Las circunstancias son diferentes y los momentos distintos y ahora los ciudadanos sí lo han tenido muy claro”, ha dicho el dirigente socialista.

Espadas ha desdeñado las voces que piden cambios de liderazgo en el PSOE andaluz. Antes de reunirse con su ejecutiva autonómica, subrayó que mantendrá su “oposición constructiva” al Gobierno andaluz, aunque elevará el nivel de exigencia a partir de septiembre. Él sigue creyendo que la estrategia que siguió en el Ayuntamiento de Sevilla cuando se alzó con la alcaldía es el camino correcto, aunque no todos en el PSOE comparten esa opinión.

Recibe cada tarde el boletín Diario electoral, con el análisis de Ricardo de Querol, subdirector, y Luis Barbero, redactor jefe de edición.

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