Las negociaciones para reeditar el Gobierno de Navarra avanzan sin fijar el peso de cada partido

Las conversaciones para reeditar la coalición en el Gobierno de Navarra continúan entre los tres socios actuales: PSN, Geroa Bai y Contigo Zurekin. La última reunión se ha celebrado este mismo martes, festivo en la comunidad, porque no hay tiempo que perder. No cuentan ya con un margen excesivo de tiempo para conformar el Ejecutivo. El artículo 29 de la ley de Amejoramiento marca el 28 de agosto, tres meses después de las elecciones, como límite para que la socialista María Chivite sea investida de nuevo presidenta y se haya activado ya el nuevo Ejecutivo. Eso exige antes unos pasos previos, como la celebración de la ronda de consultas por el presidente del Parlamento o la convocatoria del pleno de investidura. Pleno o plenos, pues Chivite solo podría ser investida presidenta en una segunda sesión porque no alcanza la mayoría absoluta necesaria para serlo en una primera ronda. Así las cosas, los grupos deben llegar a un acuerdo antes de mediados de agosto si no se quiere ir a nuevos comicios.

Las negociaciones están muy avanzadas en lo que se refiere al acuerdo programático, que se prevé continuista, en la línea de las actuaciones realizadas esta última legislatura. Parece lo lógico, dado que los actores no han cambiado. Lo que sí ha cambiado, aunque sea ligeramente, es el juego de fuerzas tras las elecciones, que ganó UPN con 15 de los 50 escaños de la Cámara autónoma. En las elecciones autonómicas, los socialistas, con 11 parlamentarios, y Contigo Zurekin, con 3 —los mismos que obtuvieron en 2019 los partidos que componen hoy esta coalición y que entonces concurrieron separados— mantienen su peso, pero Geroa Bai, la coalición de Uxue Barcos, ha perdido dos escaños —baja de 9 a 7—, y es la cuarta fuerza en el Parlamento. Además, este 23-J Geroa Bai se quedó por debajo del 3% de los sufragios, Contigo Zurekin, que se englobó en Sumar, no llegó por poco a obtener un escaño —en las anteriores sí lo logró— y el PSN se ha proclamado vencedor de las generales en Navarra con 3 de los 4 senadores y 2 de los 5 diputados.

Estos resultados pueden influir en la representatividad de cada partido dentro del Gobierno foral. Así lo ha afirmado Chivite al declarar que la “representatividad” que la ciudadanía les ha dado en estas elecciones “se tiene que ver reflejada en esa representación institucional que cada una de las formaciones políticas tengamos, no solo en el Gobierno, sino también en todas las instituciones que vamos a negociar, como ha sido por ejemplo la presidencia del Parlamento, los órganos de Gobierno y también entiendo el senador o senadora autonómica”. Aquí radica el mayor obstáculo en las negociaciones. Más allá del acuerdo programático y de la presidencia del Parlamento —que ya es de Geroa Bai—, hay que decidir quién será el senador autonómico —en manos de Geroa Bai durante la última legislatura— o las consejerías. Estos últimos cuatro años, los socialistas han gestionado nueve departamentos, frente a las cuatro consejerías de Geroa Bai o la única liderada por Contigo Zurekin —entonces Podemos Ahal Dugu—. Todavía no se han llegado a negociar estos extremos y las conversaciones continúan en el ámbito programático.

Sí queda claro que el objetivo de los tres grupos es alcanzar un acuerdo cuanto antes para conformar un nuevo Gobierno progresista. Esta mañana en la SER, el secretario de Organización del PSN, Ramón Alzórriz, ha aseverado que “es evidente que puede haber discrepancias en algunas cuestiones en el ámbito programático, digamos en las cuestiones lingüísticas o identitarias, sin obviar que hay cuestiones en las que estamos de acuerdo y que son las que hay que llevar hacia delante”.

Por tanto, las conversaciones siguen adelante, sin tener en cuenta a UPN. Su presidente, Javier Esparza, ha propuesto a los socialistas un pacto de gobernabilidad: garantizar la estabilidad del Ejecutivo foral, a cambio del apoyo del PSN en aquellos consistorios liderados por UPN, como el de la capital navarra donde Cristina Ibarrola es alcaldesa en minoría. El objetivo, que EH Bildu no tenga capacidad de decisión. Una propuesta que Alzorriz ha rechazado rotundamente y que ha calificado de “trilerismo político”.

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