El PSOE cierra filas frente a los intentos del PP y Vox de abrir una grieta entre los barones socialistas

El PSOE aprieta las filas frente a los intentos denodados del PP y Vox de abrir una grieta entre los barones socialistas para socavar la investidura de Pedro Sánchez. Las presiones de la derecha se concentran sobre el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que renegó de la política de distensión de Pedro Sánchez en Cataluña con su rechazo a los indultos a los líderes del procés, la derogación del delito de sedición y la reforma del delito de malversación. La reelección de Sánchez exige los votos favorables de ERC, EH Bildu, PNV y al menos la abstención de Junts. El partido del expresident catalán Carles Puigdemont, fugado fuera de España desde octubre de 2017, exige la amnistía de independentistas y la celebración de un referéndum de autodeterminación, dos líneas rojas para Ferraz y La Moncloa, donde insisten en que las negociaciones y posibles concesiones a cambio de que Junts facilite la investidura respetarán siempre la Constitución. Pero el resto son incógnitas.

“No tengo información ninguna, de manera que no lo voy a valorar. Cuando conozca datos ciertos podría dar una opinión personal, pero mientras serán todo especulaciones”, se ha escudado García-Page en Asturias, adonde acudió a la toma de posesión de Adrián Barbón en su segundo mandato como presidente del Principado. A la ceremonia también ha asistido María Chivite, que todavía está negociando los apoyos para ser reelegida presidenta de Navarra. Entre los tres representan todo el poder territorial del PSOE, que antes del zarpazo del 28-M presidía nueve comunidades y cogobernaba con el PRC en Cantabria. El presidente de Galicia, Alfonso Rueda, y el de Castilla y León, Alfonso Fernández-Mañueco, ambos del PP, han completado la terna de presidentes autonómicos presentes en Oviedo.

García-Page sí ha sido tajante en cortar de raíz el intento de desestabilización que encerraba la propuesta de Vox al PP de buscar votos de “socialistas buenos”, es decir de diputados del PSOE tránsfugas, para sacar adelante la investidura de Alberto Núñez Feijóo. “A estos que están hablando de transfuguismo, de votos burlescos, les diría que ya sé que son aficionados a los golpes, incluso a los tamayazos —en alusión a la investidura frustrada de Rafael Simancas como presidente de Madrid por los tránsfugas socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez—, pero eso no va conmigo. Eso sinceramente no es tener muy claro en qué consiste la democracia”, ha reprobado. La víspera, el secretario de Organización del PSOE de Castilla-La Mancha, Sergio Gutiérrez, ya tildó la idea que lanzó el portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, como “un insulto a los socialistas y demócratas”.

El único barón del PSOE con mayoría absoluta no disimula la incomodidad que le suponen los acuerdos con el independentismo —en la campaña de las autonómicas criticó los pactos con EH Bildu, que había incluido en sus listas a exterroristas con delitos de sangre—, pero ha subrayado que “el único interlocutor” en todo lo que respecta a la investidura “es el secretario general del partido y candidato a la presidencia del Gobierno”. Esto es, Pedro Sánchez. “Si quieren hablar de algo, de lo que tenga que pasar en el Congreso de los Diputados, es con el secretario general del partido. Además, yo, independientemente de que pueda tener, como tengo y tendré, además, seguramente posiciones propias y una opinión propia, soy antes que nada, incluso antes que socialista, demócrata. Y ser demócrata significa, primero, respetar lo que han votado los ciudadanos, y en segundo lugar, cumplir las normas, también las de los propios partidos políticos”, ha apostillado.

El presidente autonómico más poderoso del PSOE ha roto así el silencio que mantenía desde el 23-J. El aún presidente de Aragón, Javier Lambán, lo sigue guardando, aunque su relación con Sánchez es distante y opina lo mismo que García-Page de los pactos con los independentistas. Lo que está claro es que la garantía de Ferraz y La Moncloa de que no habrá amnistía ni referéndum ha apaciguado los nervios en el PSOE a la espera de saber en qué quedan las negociaciones, sobre todo con Junts.

“El acento nacionalista español, cerrado y no integrador, ha perdido las elecciones generales. De lo que ahora se trata es de conformar un Gobierno de la mayoría real de este país, que es progresista y que tiene acentos nacionalistas periféricos”, ha afirmado el expresidente valenciano, Ximo Puig, tras ser elegido senador por designación autonómica en el pleno de Les Corts. “La amnistía y la autodeterminación son imposibles en términos constitucionales”, remarca el secretario general del PSOE de Madrid, Juan Lobato, que a continuación resta importancia a pactar con partidos independentistas: “La clave no es el con quién sino el qué”. El secretario general del País Vasco, Eneko Andueza, que considera a Puigdemont “amortizado”, también advierte a Junts que no se traspasarán “líneas rojas” ni “excederán” la Constitución: Sánchez trabajará los respaldos a su investidura “con honestidad, claridad y yendo con la verdad por delante”.

A la espera de avances concretos, hasta siete líderes territoriales del PSOE han tomado posiciones en las Cortes. La visibilidad en Madrid es sinónimo de influencia, concluyeron algunos barones que pensaban que el 23-J existían muchas probabilidades de que se produjese un cambio de ciclo con el relevo de Sánchez de La Moncloa. Los expresidentes Guillermo Fernández Vara (Extremadura) y Javier Lambán (Aragón) también serán senadores por designación autonómica, como Lobato. La expresidenta Concha Andreu (La Rioja) irá a la Cámara Alta tras salir elegida en las generales, como Francina Armengol (Baleares), que irá al Congreso. La renovación de los liderazgos en varias federaciones no se producirá hasta que se aclare la investidura.

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