Un lazarillo desde las antípodas

A Goiko Llobet le aburría su trabajo como consultor. “La monotonía me consumía. Y encima era mal informático”, señala. Siempre quiso descubrir mundo, así que en 2012 dio un cambio drástico a su vida: decidió viajar a Australia para montar un negocio de pádel. Vendió su coche y su moto, dejó el trabajo, se despidió de la familia y se fue a Melbourne. Acabó trabajando en servicio de comidas, vendiendo sangría, dando clases de español, como cajero en un Zara o comprando y vendiendo aceite. Entendió que llegar a un nuevo país no es fácil, que hay problemas, situaciones a las que enfrentarse sin conocimiento alguno. Vio ahí una posibilidad de negocio y le puso de nombre GrowPro Experience. Su amigo Pablo Gil se unió al proyecto. Diez años después van camino de facturar 50 millones de euros con una plantilla que supera las 200 personas.

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