La oposición turca se hunde en luchas internas tras la derrota frente a Erdogan

Decía Recep Tayyip Erdogan a finales de la década de los ochenta, cuando todavía no había alcanzado ningún puesto de poder, que la política es una carrera de fondo: “Una maratón que solo terminará cuando nos alcance la muerte a la que estamos predestinados”. Casi cuatro décadas más tarde, el líder turco sigue actuando en consonancia. La noche del 28 de mayo, cuando se confirmó que había vuelto a ser elegido presidente en la segunda vuelta de las elecciones —quizás una de las victorias más difíciles de su carrera—, ordenó a las bases de su partido empezar los preparativos para las municipales del próximo marzo. Su objetivo es aprovechar que la oposición se encuentra noqueada para recuperar las alcaldías de las grandes ciudades, empezando por Ankara y Estambul, que el partido centroizquierdista CHP arrebató en 2019 a los islamistas del AKP, la formación del mandatario, tras un cuarto de siglo de control.

“Teníamos muchas esperanzas de victoria [en las presidenciales de mayo]. Las encuestas así lo decían, porque la situación económica es muy mala”, explica Burhanettin Bulut, diputado del CHP, principal partido de la oposición: “Fuimos nosotros los que perdimos las elecciones y por eso tenemos que reflexionar. Tenemos que buscar una forma diferente de hacer las cosas porque los votantes están desmoralizados”. Tras los comicios, numerosas voces pidieron la dimisión de Kemal Kiliçdaroglu, el candidato de 74 años que se enfrentó a Erdogan y que preside el CHP desde 2010. En cambio, Kiliçdaroglu se limitó a iniciar el proceso para un congreso del partido. Diversas fuentes apuntan a que en esa cita volverá a presentarse como líder.

Este inmovilismo ha despertado numerosas críticas dentro y fuera de la formación. El popular alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, lanzó una campaña por el “cambio”. La tensión ya era patente desde antes de los comicios, puesto que otros aliados del CHP habían pedido que Imamoglu, más joven y carismático, fuese el candidato conjunto de la oposición en lugar del veterano Kiliçdaroglu, al que acompaña un aura de perdedor.

Paso atrás del popular Imamoglu

El ambiente dentro del CHP se enrareció aún más cuando, a finales de julio, se filtró a los medios un vídeo de una reunión online secreta entre Imamoglu y otros cargos reformistas del partido. Sin embargo, esta semana, Imamoglu anunció, ante la desilusión de muchos, que no se postularía para liderar el partido, sino que volvería a concurrir como candidato a la Alcaldía de Estambul. Y eso si la justicia lo permite, ya que está pendiente de confirmación una sentencia que lo inhabilitaría para la política. “Comienzo el camino para defender de nuevo Estambul”, aseguró.

“Todo marcha como quiere Kiliçdaroglu. Si las cosas van bien, él volverá a ser elegido líder del CHP e Imamoglu conservará Estambul. Si Imamoglu pierde el Ayuntamiento, su vida política se habrá acabado y Kiliçdaroglu se librará de él como adversario. En lugar de ser valiente y crear su propio movimiento, Imamoglu ha decidido jugar con las reglas del CHP”, lamenta el politólogo Burak Bilgehan Özpek.

“No es lo suficientemente valiente, pero con esta dirección y esta estructura [del partido] no le quedaba más remedio que actuar así”, justifica una fuente del partido cercana al alcalde de Estambul. El CHP es el partido más antiguo de Turquía: fue creado en 1923 por el fundador de la República, Mustafa Kemal Atatürk, y durante décadas gobernó como partido único. Pero no toca el poder a nivel nacional desde la década de 1970, cuando, bajo la batuta del carismático Bülent Ecevit, giró a la izquierda y alcanzó su techo electoral (41% del voto). Desde que gobierna Erdogan, es el principal partido de la oposición, pero no ha logrado sobrepasar el 25% de los sufragios.

También es una gran máquina burocrática. El proceso hacia el congreso del partido ha comenzado con elección de cargos de barrio y distrito. En octubre se culminará la renovación a nivel provincial y la elección de delegados al congreso, y de momento todo indica que ganará la facción de Kiliçdaroglu. Según el politólogo Özpek, la actual dirección se conforma con mantener cierto poder en el oeste del país y vivir de las rentas —que la dirección del partido se ocupa de distribuir a quienes le apoyan—, por lo que resulta muy difícil hacer una verdadera renovación. “Los votantes piden nombres nuevos. Quieren una oposición que no pierda siempre, que sea más exigente, luchadora y valiente. No quieren hundirse en la desesperanza”, reconoce el diputado Bulut.

La fuente del CHP admite que hay un gran temor a que las divisiones en la oposición y la desmoralización de los votantes les hagan perder las importantes alcaldías logradas en 2019: “Sin Imamoglu, perdemos Estambul. Incluso con él no está claro que ganemos”. El todavía alcalde ha dicho que, como en 2019, buscará establecer “una alianza por encima de los partidos políticos”. En aquellas elecciones, le apoyaron también la formación de derecha nacionalista IYI y la izquierda kurda. Pero la derrota en los comicios de mayo también ha llevado a la reflexión en estos partidos opositores.

El partido ultranacionalista MHP, aliado de Erdogan, está cortejando al IYI para presentarse juntos a las municipales, varias formaciones islamistas opositoras han anunciado que irán por libre y la izquierda kurda aún no ha decidido cuál será su estrategia, después de que sus líderes considerasen que había sido un error no presentar candidato propio a las presidenciales y dar su apoyo a Kiliçdaroglu desde la primera vuelta. “Sin el apoyo del HDP [partido prokurdo], las encuestas muestran que no ganaremos en Estambul”, considera la fuente del CHP.

Y controlar Estambul, con sus más de 16 millones de habitantes y cuyo Ayuntamiento tiene un presupuesto de unos 4.000 millones de euros, es clave para la supervivencia de la oposición. Solo un dato: tras perder el partido de Erdogan esta Alcaldía, varios medios progubernamentales tuvieron que cerrar al quedarse sin la financiación que le suponía la publicidad municipal. Por contra, los medios opositores han ganado en salud económica.

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