La socialdemocracia europea hace terapia en el bastión portugués

La fiesta organizada por el Partido Socialista portugués este domingo en Oporto para conmemorar sus 50 años de historia tuvo algo de terapia de grupo. La socialdemocracia, que un día lo fue todo en Europa, vive arrinconada y solo gobierna en siete países europeos. En cinco de ellos (además de España, Alemania, Dinamarca, Eslovenia y Rumania) lo hace en coalición con otras fuerzas. Solo en Malta y Portugal gobiernan en solitario. Que los socialistas lusos conquistasen en enero de 2022 la segunda mayoría absoluta de su historia después de siete años de Gobierno y una pandemia pareció más cerca del fenómeno sobrenatural que de la lógica de los tiempos. Lisboa se convirtió entonces en la aldea socialdemócrata al estilo del poblado galo de Astérix.

Fue lo primero que les dijo, en un discurso en inglés, el presidente español, Pedro Sánchez, que intervino en el acto de Oporto en su calidad de presidente de la Internacional Socialista: “En medio de una década neoliberal en Europa, sois el bastión de todo el socialismo europeo. Y cuando muchos hablan del declive de la socialdemocracia, sois vosotros, los socialistas portugueses, los que defendéis nuestra bandera a través de vuestras políticas de justicia social y solidaridad”. A estas alabanzas se sumó el ex primer ministro sueco Stefan Löfven, que preside el Partido Socialista Europeo desde octubre de 2022.

Löfven elogió las políticas del primer ministro portugués, António Costa, para ayudar a las personas: la mejora de los salarios, la eliminación del IVA en una serie de productos básicos o el acceso a la vivienda. “Este hecho raro es un faro de esperanza en el paisaje político europeo, cada vez más amenazado por movimientos retrógrados y antidemocráticos”, lamentó el sueco.

Fuerza inspiradora

En un discurso de homenaje constante al PS luso como fuerza inspiradora de su propio liderazgo, Sánchez contrastó la gestión de las crisis recientes con el enfoque neoliberal que distinguió las políticas públicas durante la recesión que siguió a la bancarrota de Lehman Brothers en 2008. El tiempo de la austeridad marcó a hierro a varios países del sur de Europa, como Portugal, tras ser rescatados por instituciones internacionales. Esto ayuda a explicar la excepción política lusa: todos recuerdan cómo malvivieron con las decisiones políticas, económicas y sociales impuestas por la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) entre 2011 y 2014.

“Trabajamos con la convicción de que, esta vez, el precio de la crisis no debería ser pagado por la misma gente de siempre. Protección del empleo durante los confinamientos, relajación de las reglas fiscales o pidiendo esfuerzos adicionales a aquellos que pueden contribuir más, distinguen una respuesta enfocada en un concepto que fue ignorado hace una década: justicia social”, observó Sánchez.

Europa aprendió la lección y las decisiones que ha ido tomando ante cada una de las excepcionales crisis que se viven desde 2019 han estado más cerca de las recetas socialdemócratas que de las liberales, en opinión de Sánchez. “Hoy, con la confianza plena en una recuperación que no deja a nadie atrás, podemos reivindicar el triunfo del paradigma de la socialdemocracia. Un paradigma que, incluso fuerzas políticas distantes de las nuestras, ahora abrazan. La tarea enfrente es consolidar esa victoria tanto como no repetir los errores del pasado”, indicó. “Aunque 10 años tarde, alguna gente finalmente ha aceptado el gran error del dogma neoliberal de la austeridad”, insistió Sánchez, que consideró que aquel fallo ha revitalizado a los movimientos reaccionarios y antieuropeístas.

Ante la emergencia sanitaria del coronavirus, Löfven recordó que no fue fácil romper con el mantra de la austeridad en Bruselas y reivindicó el logro como fruto de la batalla de socialistas como Costa, Sánchez y él mismo, que estaba al frente del Gobierno sueco. “Esta crisis sanitaria ha mostrado de nuevo que un Estado del bienestar fuerte, con instituciones democráticas y servicios públicos, no solo es una opción. Es también vital para el bienestar de la Unión y sus ciudadanos”, indicó.

La socialdemocracia atraviesa esa sorprendente contradicción: su paradigma triunfa, pero no los partidos que lo defienden. El mapa europeo está dominado por formaciones que van del centro a la derecha radical, con una visible expansión de la ultraderecha. Nadie se atrevería a vaticinar hace cinco años que Georgia Meloni acabaría presidiendo el Gobierno de Italia. Para el sociólogo portugués António Barreto, el avance de estas formaciones obedece a las carencias del sistema y de sus fuerzas clásicas. “Las razones que contribuyen al éxito de la extrema derecha son los errores de la democracia, las deficiencias de los demócratas, los fallos de las izquierdas y la incompetencia del centro”, escribió en su columna semanal del diario Público. “Las ultraderechas nacen en las filas de espera de los hospitales, en los barrios segregados y en los edificios degradados”, considera el sociólogo.

Tal vez por esto Sánchez citó las viejas recetas clásicas de la izquierda como un bien a preservar: “Nosotros defendemos la sanidad pública, la educación y las pensiones como un legado de dignidad que debemos conservar para las generaciones futuras”. Los pilares básicos de su familia política al que ahora ha incorporado el compromiso climático: “Los partidos de la derecha siempre buscan excusas para no hacer nada, y la extrema derecha continuará alimentando un negacionismo criminal”.

Además de las medidas del Estado del bienestar, Löfven se detuvo en la guerra de Ucrania. “Debemos continuar haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a Ucrania a ganar esta guerra y, cuando llegue la ocasión, preparar el camino para la paz en los términos de Ucrania. No podemos permitir que Rusia venza, pues sería una victoria de los opresores contra los oprimidos, del despotismo contra la democracia, del autoritarismo contra la libertad”, defendió el presidente del Partido Socialista Europeo.

Löfven vaticinó que tanto la pandemia como la guerra de Ucrania tendrán un impacto fuerte en las elecciones europeas de 2024. “La derecha”, avisó, “ya está usando estas dos cuestiones para promover una agenda basada en el miedo, en la exclusión, en el individualismo y, en casos más extremos, en el nacionalismo”.

En el cierre del acto de Oporto, el secretario general del PS luso, António Costa, hizo un discurso más centrado en cuestiones domésticas para defenderse de las numerosas críticas que recibe el Gobierno que, pese a su mayoría absoluta, ha vivido noqueado durante sus primeros meses por errores en los nombramientos, huelgas de colectivos estratégicos como los profesores y los sanitarios y la intromisión en la gestión de la aerolínea TAP, tras ser nacionalizada para salvarla de la quiebra.

Costa reivindicó el aumento de las pensiones, el bajo desempleo y el control presupuestario, que ha hecho que Portugal sea el país europeo con el déficit público más bajo en 2022 (0,4%). Y censuró a quienes sugieren que el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, debería disolver la Cámara —una prerrogativa que le concede la Constitución portuguesa— ante la actual situación política. “Cuando se cuestionan los mandatos, se cuestiona la democracia”, criticó.

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