ANÁLISIS | Por qué la actitud machista de Rubiales es peligrosa

Nota del editor: Paula Bravo Medina es una periodista colombiana que desde 2015 se desempeña como editora digital de CNN en Español. Ha trabajado en medios como revista Semana de Colombia y la Agencia Efe. Actualmente se encarga de la planificación periodística de los contenidos digitales de cnne.com.

(CNN Español) — Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), grita desde el podio “¡No voy a dimitir!”. Lo repite varias veces y sus palabras son recibidas con un aplauso de los asistentes a la Asamblea General Extraordinaria de la RFEF.

Y así, el hombre que besó sin su consentimiento a la jugadora Jennifer Hermoso durante la celebración de la victoria en el Mundial Femenino de Fútbol asume una posición defensiva e intenta convertirse en la víctima.

No. Rubiales no es la víctima de “una cacería”, como lo dijo en esta intervención. La víctima es Jenni Hermoso.

“Tal es el poder de (Rubiales) que se puede parar en un podio lleno de personas a negarnos lo que vimos con nuestros propios ojos y además lo van a aplaudir”, afirma Catalina Ruiz-Navarro, directora de la publicación feminista Volcánicas.

“Con frecuencia, cuando las mujeres denuncian algún tipo de violencia sexual, como el acoso, el abuso sexual, muchas veces no tienen pruebas duras porque estas cosas ocurren a puerta cerrada y esa suele ser la manera en que los agresores se defienden diciendo: Nadie lo vio, tú no tienes pruebas, es tu palabra contra la mía. Pero miremos cómo esos mismos recursos se están usando, a pesar de que esto quedó registrado por todas las cámaras del mundo y lo vieron miles y millones de personas, incluso cuando lo que estamos viendo nos muestra claramente que hay un peso forzado y que no hay consentimiento”, agrega.

Jenni Hermoso negó que el beso con Rubiales haya sido consentido: "No tolero que se ponga en duda mi palabra"

Rubiales repite cinco veces que no va a dimitir. A pesar de que la FIFA abrió una investigación en su contra. A pesar de que políticas, jugadoras y jugadores de fútbol, el presidente del Gobierno español y organizaciones internacionales han señalado su conducta inaceptable y han pedido su renuncia. A pesar de que la misma Hermoso pide en un comunicado que la acción no quede impune.

Rubiales lo dice alto y fuerte, pero solo basta una frase de Hermoso, pronunciada en el vestuario tras el triunfo de la selección, para entender por qué el discurso del hasta ahora presidente de la RFEF es tan peligroso y por qué el beso no fue “mutuo” ni “consensuado”, como afirma Rubiales.

“¡Hey! ¡Pero no me ha gustado!”, dijo la jugadora en una transmisión de Instagram Live tras levantar el trofeo en Sídney.

No es no. La falta de un sí, es no. Antes, durante y después del acto.

Este viernes, Hermoso sumó una declaración: “Quiero aclarar que en ningún momento consentí el beso que me propinó y en ningún caso busqué alzar al presidente. No tolero que se ponga en duda mi palabra y mucho menos que se inventen palabras que no he dicho”, dijo Hermoso en un comunicado, en el que las jugadoras de la selección española advierten que renunciarán si no cambia la dirigencia.

El discurso de Rubiales intenta reescribir los hechos pretendiendo invalidar la experiencia de Hermoso y desestimar las voces que se han alzado para apoyarla. Las declaraciones de este viernes son un episodio, el más indignante para muchos, de una serie de desaciertos que desde el momento del beso muestran la falta de medidas y contundencia de quienes tienen el poder de tomar decisiones.

Repasemos los hechos

El domingo 20 de agosto, la selección femenina de fútbol de España levanta la Copa del Mundo en una gesta histórica en Australia. Durante la celebración y premiación a las jugadoras, Rubiales besa a Hermoso en los labios, sosteniéndole la cabeza entre las manos. Luego en el vestuario, Hermoso pronuncia la frase que no podemos perder de vista y, más adelante, la misma transmisión muestra a Rubiales abrazando a la jugadora, tras prometer un viaje a Ibiza, y diciendo que allí se celebrará la boda “de Jenni y Luis Rubiales”. Un día después de la victoria, en un video, Rubiales emite una declaración que viste de disculpa.

“Seguramente cometí un error, tengo que reconocerlo. Bueno, en un momento de euforia sin ninguna intención de mala fe, pues pasó lo que pasó. Creo que de una manera muy espontánea. Repito, no hubo mala fe entre ninguno de los dos. A partir de ahí, bueno, aquí no lo entendimos porque vimos algo natural, normal y de ninguna manera, repito, con mala fe”, dijo.

Agregó que “fuera de la burbuja parece que se ha convertido en una tormenta y por eso, si hay gente que se ha sentido ofendida, tengo que decir que lo siento. No queda otra, ¿no?”.

Este pronunciamiento, que no reconoce lo trasgresor de su acto y que señala a los “ofendidos” como si el error estuviera en indignarse por su conducta, no es una disculpa.

“Algo que también pasa con las denuncias de violencia sexual es que se quiere determinar la gravedad por supuestamente qué tan lejos llega el agresor”, explica Ruiz-Navarro. “Cuando una vez tú rompes el consentimiento de la persona, impones tu voluntad sobre el cuerpo y los deseos de otra persona, esa es la máxima violencia y eso lo puedes hacer con palabras, lo puedes hacer con acciones, lo puedes hacer con violaciones, lo puedes hacer de muchas maneras”.

Hermoso, a través de sus representantes, habla el 24 de agosto y pide luchar “contra el machismo y el sexismo“.

Habló el ministro de Deportes de España, habló el presidente del Gobierno español, se pronunciaron jugadoras de la selección y leyendas del fútbol femenino como Megan Rapinoe. Mientras aumentaba la presión para que Rubiales dimitiera, se esperaba que este viernes anunciara su dimisión.

Pero no. Rubiales pidió perdón a medias, justificó su acción e intenta hacer cuestionar la realidad de los hechos.

“Aquí no se está tratando de hacer justicia. Eso es falso. Se está ejecutando un asesinato social. A mí. Se me está tratando de matar”, afirmó aireado.

Rubiales pidió perdón por el gesto obsceno que hizo en el palco. Lo atribuyó a un momento de “euforia”.

Usa el mismo argumento para el beso, pero intenta restarle importancia diciendo que no fue un “beso” sino un “pico”. ¿Es decir que un beso con labios cerrados no es una agresión sexual?

La propia RFEF, en su “Protocolo de actuación frente a la violencia sexual” incluye “besar a la fuerza” como un acto de violencia sexual.

Rubiales intenta poner la responsabilidad en Hermoso. Según él, así fue el momento del beso (que no es lo que muestran los videos disponibles) y que recalca que ocurrió frente a decenas de miles de personas.

“Ella fue la que me subió en brazos, me acercó a su cuerpo. Nos abrazamos y le dije ‘olvídate del penalti, sin ti no hubiéramos ganado el Mundial’. Ella me dijo ‘eres un crack’, y yo le dije ‘¿un piquito? Y me dijo ‘vale’. Y se fue riéndose. Esa es la secuencia de todo. Que todo el mundo entendió, y ella dijo que era una anécdota y demás”.

Con lo de “anécdota” se refiere a las primeras declaraciones que dio la jugadora cuando le preguntaron por el beso. En ese momento dijo que fue “la emoción del momento” que se iba a “quedar en una anécdota” pero reiteró que “no se lo esperaba” y que no le gustó.

A pesar del cambio de actitud frente al episodio, esto no significa que haya sido un beso consensuado. Lo que vale aquí son las declaraciones de la jugadora en la que pide que se castigue el acto de Rubiales.

¿Qué es el consentimiento sexual y por qué es importante?

Amnistía Internacional califica el beso de Rubiales de “violencia sexual en el entorno laboral por parte de un superior”.

Esto es clave: hay un desbalance de poder entre una jugadora y el presidente de la Federación para la que ella juega. En una situación de estas, la víctima puede estar más inclinada a aceptar conductas inapropiadas porque vienen de un superior, o a desestimar los actos por la misma razón.

“Mi jefe, mi jefe absoluto, el presidente de la Federación tiene tanto poder sobre mí como jugadora que soy simplemente una empleada en un equipo por el que antes nadie daba un peso y que se acaba de ganar algo muy importante. Pero ella sigue siendo una empleada de este señor que ha estado ahí antes de ella y que seguirá estando después de este equipo. El poder que él tiene sobre las jugadoras es inmenso. Entonces hay una desigualdad de poder tal que tú no puedes decir que ella dio ahí un libre consentimiento”, explica Ruiz-Navarro.

“No hay deseo y no hay posición de dominio”, dijo Rubiales este viernes. “Toda la gente lo entiende, aunque se esté vendiendo otra cosa en muchos de los medios, tanto los que están rindiendo pleitesía al señor (Javier) Tebas como a los que le están rindiendo pleitesía al falso feminismo, que es una gran lacra en este país”, agrega.

Menciona también que el deseo de ese beso “era exactamente el mismo que podía tener dándole un beso a una de mis hijas”.

El respeto al cuerpo del otro y el consentimiento van más allá de la relación entre dos personas. Puede haber una relación, puede haber una historia, pero esto no da vía libre a traspasar los límites de los demás.

Y menciona dos veces a sus hijas en el que puede ser un esfuerzo por señalar que sus actos son excusables o que respeta a las mujeres porque hay mujeres en su vida.

Es un argumento usual en el discurso machista: “¿Cómo voy a ser misónigo/sexista si tengo dos hermanas/hijas, si amo a mi madre?”.

“Ser hijo, hermano, novio, marido no exime a ningún hombre de tener asumidas comportamientos machistas. Porque las conductas machistas son producto, son resultado de las normas sociales o los estereotipos que hay en la sociedad. ¿Y qué quiere decir esto? Quiere decir que una sociedad por cultura, por tradición, por normalizar ciertos comportamientos, le va asignando roles, le va asignando permisos, derechos y prohibiciones distintas a los hombres y las mujeres”, le explicó a CNN en Español Magdalena Furtado, representante de ONU Mujeres en Uruguay, en 2022.

A las mujeres, y a los hombres, se les debe respeto por ser seres humanos. El feminismo defiende la idea de que todas las personas, sin importar su género, tengan acceso a los mismos derechos y oportunidades. El mismo respeto a su cuerpo y su autonomía.

“¿Qué pensarán las mujeres de verdad que han sido agredidas sexualmente?”, dice Rubiales atacando lo que ha llamado el “falso feminismo”.

Muchas piensan que si lo que le pasó a Jenni, una jugadora famosa, frente a 80.000 personas en un estadio y millones más por redes sociales y televisión, no es abuso (sí lo es), lo que les pasó a ellas, en la intimidad de su casa, en su lugar de trabajo, camino a la escuela o en el transporte público, mientras nadie miraba, no vale la pena denunciar. Y callarán. Pensarán que fue producto del momento y que es aceptable, algo más que soportar.

“Creo que el mensaje que le está enviando a las mujeres es absolutamente desesperanzador. Y a todas las víctimas de violencia sexual que están en una situación similar. Porque está diciendo que a pesar de que hay pruebas, a pesar de que hay un registro, a pesar de que hay testigos, a pesar de que es la diferencia de poder, es totalmente palpable y demostrable con números. Aún así, ni siquiera se reconoce la agresión sexual”, afirma Ruiz Navarro.

Cuando las jugadoras salen a la cancha a luchar por un título, luchan también por la igualdad. Igualdad de salario, de condiciones, de garantías, hasta de celebración de sus triunfos. Y este episodio les ha empañado la fiesta y les ha quitado a las jugadoras de España la posibilidad de una celebración como se merecen, por todo lo alto.

Persiste una pregunta para quienes aplauden de pie las declaraciones de Rubiales, ¿significa que están de acuerdo con besar a alguien que no ha dado su consentimiento?

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