El derecho a reparar ya tiene nuevo objetivo: las misteriosas y caóticas máquinas de helado de McDonalds

Lo de que las máquinas de helado del McDonalds se rompan cada tres por cuatro es tan frecuente que en EEUU hasta hay un mapa en tiempo real con los establecimientos donde está rota. El mapa tiene un nombre muy apropiado: McBroken.

El problema no es solo que esas averías sean frecuentes, sino que reparar esas máquinas es una pesadilla. Las máquinas las fabrica la empresa Taylor, que además tiene un contrato en exclusiva para su mantenimiento. Precisamente eso es lo que ha provocado que estas máquinas sean el próximo gran objetivo del movimiento por el derecho a reparar.

En iFixit lograron hacerse con una Taylor C709 Soft Serve Freezer, uno de los modelos que se usan en McDonalds, y quisieron desmontarla para averiguar cómo era posible que se averiara con tanta frecuencia. Shahram Mokhtari, que se enfrentó al problema, no paró de encontrar “un error tras otro” tras lo que suponía que iba a ser un ciclo de calentamiento de cuatro horas que en realidad dura mucho más.

Supuestamente la empresa Taylor obtiene el 25% de sus beneficios gracias a las llamadas de soporte para reparar esas máquinas. Cobra 350 dólares por 15 minutos de servicio, y todo en esas máquinas, incluidos sus códigos de error, difícilmente descifrables incluso con el manual a mano, “son problemas relacionado con el derecho a reparar”, aseguraba Mokhtari.

Como señalan en Ars Technica, hubo una empresa que intentó aliviar el problema con un dispositivo llamado Kytch. Basado en una Raspberry Pi, este pequeño accesorio permitía obtener datos relevantes de la operativa de las máquinas de helado y de sus posibles problemas, pero además es capaz de superar bloqueos que impedían a la máquina funcionar por errores que no eran críticos.

Al descubrir esa opción, en Taylor se apresuraron a atajar esa opción. Lo contaban en 2021 en Wired destacando como Taylor supuestamente había contratado detectives para obtener esos dispositivos y luego —¿casualidad?— ofrecer sus productos de monitorización propios, similares a los de Kytch.

Al mismo tiempo advertían a los franquiciados de McDonalds que los dispositivos de Kytch violaban la información confidencial de Taylor e incluso podían provocar “daños humanos serios”. En Kytch contraatacaron, e interpusieron una demada de 900 millones de dólares a McDonalds que aún está por resolver.

La esperpéntica situación ha acabado con iFixit y la ONG Public Knowledge realizando una petición a la Oficina del Copyright en EEUU para lograr que la Sección 1201 de la DMCA que prohíbe reparar ciertos dispositivos incluya una excepción para estas máquinas. Ya ha habido exenciones en el pasado que han supuesto importantes victorias para el movimiento del derecho a reparar, y ahora se busca otra para estos singulares dispositivos.

Como indican en iFixit, las máquinas de helado de Taylor n oson tan especiales. Tienen un compresor (bastante más potente que el del frigorífico de casa, eso sí), un motor, una serie de circuitos integrados y otros elementos, pero no parece haber razones claras de que falle tanto, a no ser por su tendencia a sobrecalentarse o sus continuos bloqueos cuando el ciclo no va como se esperaba.

La Oficina del Copyright de EEUU toma en cuenta esas posibles exenciones a la DMCA cada tres años. Public Knowledge e iFixit ya lograron esas exenciones para habilitar la reparación de consolas de videojuegos, aunque se impusieron ciertas restricciones a la hora de distribuir herramientas para evitar bloqueos.

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El derecho a reparar ya tiene nuevo objetivo: las misteriosas y caóticas máquinas de helado de McDonalds

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Javier Pastor

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