La Antártida no tiene residentes permanentes. Y de forma inverosímil ha desarrollado su propio acento

La Antártida no tiene residentes permanentes. Pero sí acento. Para ser más precisos tiene un número enorme de acentos potenciales, formas de hablar que nacen, toman forma y maduran allí, en las gélidas y remotas regiones del Polo Sur. Hace algunos años de hecho un grupo de investigadores de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (LMU) documentó cómo surgía una manera de hablar que no dudaron en catalogar como “un acento común” antártico. Tal vez parezca una contradicción, un sinsentido, pero lograron medir el fenómeno de forma clara. Y lo mejor de todo es que dice mucho sobre la forma en cómo nos expresamos.

La pregunta que deja botando es… ¿Habrá un acento marciano?

La Antártida, tierra de experimentos. Eso es lo que debieron de pensar en 2017 el profeso de fonética Jonathan Harrington y el resto de sus colegas de LMU cuando se enteraron de que había un grupo de expedicionarios preparándose para partir hacia la British Antártida Survey (BAS), en la Antártida, donde convivirían 26 personas durante varios meses. Al saber las condiciones y el aislamiento al que estarían sometidos, Harrington y sus compañeros se plantearon una pregunta tan sencilla como sugerente: ¿Afectaría esa estancia en su forma de expresarse?

Dado que las personas nos influimos mutuamente como hablantes e incluso nos imitamos las unas a las otras en el uso del idioma, al expresarnos o al pronunciar palabras, ¿qué efecto tendría sobre ese grupo una experiencia tan peculiar como la que iban a afrontar en la Antártida, aisladas y expuestas a un número de hablantes muy reducido? ¿Cambiaría sus acentos durante su estancia en el Polo Sur?

¿Y qué hicieron? De las 26 personas, “winterers“, como las designa el estudio, Harrington y sus colegas se quedaron únicamente con 11 que estarían disponibles para participar en la investigación durante meses: ocho habían nacido y crecido en diferentes puntos de Reino Unido, una procedía del noroeste de Estados Unidos y las dos restantes tenían como primer idioma el alemán e islandés. Que los orígenes fueran tan diversos resultaba crucial porque influía en el acento. Sus dedicaciones también eran variadas e incluían profesiones como la de cocinero, electricista, médico, ingeniero, mecánico, fontanero o científicos y personas de apoyo.

Lo que Harrington les pidió era bastante sencillo. Quería que hablasen. Y se esperaba que interactuasen además en la BAS, comiendo juntos y compartiendo provisiones. Con esa premisa clara, equipo del LMU los grabó de forma individual antes de su partida hacia la Antártida, en septiembre de 2017, cuando los 11 sujetos habían tenido aún un contacto mínimo entre sí, y luego volvió a tomar grabaciones cada seis semanas durante su estancia en la base, entre marzo y agosto de 2018. Cada sesión duraba 10 minutos, periodo durante el que los voluntarios leían una lista con 29 palabras en inglés, como “head”, “had”, “hard” o “hoard”.

Dime a quién escuchas… Y te diré cómo hablas. Esa parece ser una de las conclusiones que se desprenden del peculiar experimento de Harrington. Poco a poco los investigadores de LMU apreciaron signos de un acento incipiente, una forma de hablar ligeramente distinta a la que tenían antes de pisar el Polo Sur.

“Se descubrió que los individuos desarrollaron las primeras etapas de un acento común en la Antártida”, recoge el artículo que publicaron en la revista The Journal of the Society of America: “Los hallazgos sugieren que los atributos fonéticos de un acento hablado en sus etapas iniciales emergen a través de interacciones entre individuos que hacen que la producción del habla se actualice gradualmente”.

¿Y qué apreciaron? Cambios. Cambios sutiles, leves y difíciles de identificar para un oído no entrenado, pero desde luego reveladores si se tiene en cuenta que el experimento duró  solo unos meses. “No se pueden escuchar bien las diferencias porque son muy pequeñas, pero puedes medirlas”, reconoce Harrington a Atlas Obscura. Para su análisis los expertos emplearon un modelo computacional que les ayudó incluso a predecir los cambios esperables entre los 11 voluntarios.

Sutil, pero claro. Los expertos apreciaron dos grandes cambios fonéticos. El primero fue que el grupo preció desarrollar una “innovación”, al pronunciar “una /ou/ fonéticamente más frontal” que antes de su paso por el Polo Sur. El segundo fue una “convergencia” entre los hablantes, de manera que las diferencias que mostraban al usar las otras vocales antes de convivir parecieron diluirse.

Quizás parezca sencillo, pero no lo es: el estudio muestra el desarrollo de un nuevo acento puede no basarse solo  en ese proceso de “convergencia hacia un promedio grupal” y que los cambios no tienen que explicarse de forma necesaria con cómo hablaban los participantes en el estudio antes de interactuar entre sí.

La Antártida… y más allá. El experimento del LMU es interesante por sus conclusiones, pero sobre todo por lo que nos muestra sobre la forma en que nos influimos como hablantes. Al fin y al cabo, como recalca el estudio de The Journal of The Acoustical Society, su investigación deja solo una pincelada muy marcada por los 11 sujetos que participaron en el experimento y el hecho de que entre los voluntarios hubiese dos “hablantes atípicos” de inglés: una persona habituada a expresarse en alemán y otra que emplease el “inglés general americano”.

“Ni los cambios ni las predicciones son necesariamente representativos del desarrollo del acento en toda la comunidad de la Antártida, ni de comunidades como las que debido a la colonización en siglos anteriores permanecieran aisladas durante un largo período de tiempo”, recogen los investigadores. Sus conclusiones en la Antártida, un lugar remoto, sin residentes permanentes y donde el número de científicos oscila a lo largo del año entre el millar del invierno y los 5.000 del verano, ya llevan a algunos a plantearse una nueva pregunta.

¿Acentos extraterrestres? Exacto.  Si hemos apreciado el fenómeno en la Antártida… ¿Por qué no en las colonias que quizás algún día lleguen a fijarse fuera de la Tierra? ¿Veremos el nacimiento de uno o varios acentos propios de la Luna o incluso del planeta rojo? “El estudio muestra que si aíslas un grupo de individuos empezarán a mostrar los inicios de un nuevo acento hablado cuya forma depende en gran medida de las características del acento de los hablantes que entraron en la mezcla”, reconoce Harrington a IFL Science: “Esperaríamos que sucediera lo mismo si los astronautas alguna vez fueran a una misión a Marte”.

Imágenes: Cassie Matias (Unsplash)

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La Antártida no tiene residentes permanentes. Y de forma inverosímil ha desarrollado su propio acento

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Xataka

por
Carlos Prego

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