Yolanda Díaz y las salchichas

No sabemos qué se dijeron, pero sí que los dos sonreían mucho, felices del encuentro, ella incluso le tocó un par de veces la espalda y un brazo, de modo afectuoso, y hasta se desternilló de risa cuando él —con una mano tapándose la boca al modo que lo hacen los futbolistas— le contó algo gracioso, un chascarrillo tal vez, ¿cuenta bien los chistes Puigdemont? El vídeo —imágenes sin sonido, lo que en el argot televisivo se conoce como “un mudo”— dura algo más de dos minutos, y si no quieren entretenerse en buscarlo, basta con volver a mirar, deteniéndose en los detalles, la fotografía firmada por Delmi Álvarez que este periódico publicó en la portada de su edición del martes. En ambos casos, el vídeo y la foto llegan al espectador sin la contaminación de los discursos, en toda su pureza, transmitiendo sin más aditivos que el criterio propio de cada cual la primera sensación, de alegría o desagrado, de preocupación o desconfianza.

Virginia Uzal, la jefa de prensa de Yolanda Díaz, publicó en su cuenta de Twitter una fotografía del expresident de la Generalitat —en la actualidad fugitivo de la justicia— y de la vicepresidente del Gobierno —en la actualidad en funciones— saliendo juntos del Parlamento Europeo en Bruselas bajo la palabra: “Puentes”.

Puentes. pic.twitter.com/ihOi1Q71DL

— Virginia Uzal (@VirginiaUzal) September 4, 2023

La primera respuesta fue: “Puenting… y del imprudente”. Las siguientes no son más favorables: “Puentes sediciosos”; “¡Hacia lo indigno!”; “La foto de la vergüenza, otra más”; “Los que querían construir muros a las bravas, insultando y pisoteando a media Cataluña, nunca querrán construir puentes. Ni han pedido perdón ni se han arrepentido por haber fracturado una sociedad diversa”; “Puentes: justicia a la carta para los nuevos señoritos del cortijo…”. Hay todavía otro que se extiende un poco más para lo que suele ser habitual en la red: “¿A ti te parece normal negociar unos sillones con un huido de la Justicia, que además fue condenado por malversación de dinero público, es decir, dinero de todos? ¿Si yo mañana atraco un banco, y se necesitara mi voto, también vendría la vicepresidenta a verme? ¿Te parece normal?”. El tuit de Uzal, que tiene 6.425 seguidores en Twitter, fue citado nueve veces —las nueve en tono reprobatorio— y cosechó 209 me gusta y 20 respuestas, todas en el mismo sentido que las entrecomilladas aquí.

Felipe González, que el martes por la mañana se recuperó en Onda Cero de la afonía que lo mantuvo en silencio durante toda la campaña electoral —cuando más necesitaba el PSOE cualquier apoyo, aunque fuera por los viejos tiempos—, justificó su silencio prolongado explicando que a él —al contrario de lo que según dijo se estila en la red— le gusta “pensar primero y hablar después”. El titular principal de su reflexión es que “en la Constitución no caben ni la amnistía [justo lo que Puigdemont pide ahora] ni la autodeterminación [lo que el expresident se ha guardado para pedir después]”. El caso es que la intervención radiofónica de González se convirtió enseguida en tendencia en Twitter, o lo que es lo mismo, le cayeron chuzos de punta.

Bajo la batuta de Pablo Iglesias, la alegre infantería tuitera se puso a recordarle a González los episodios menos favorecedores de su largo mandato en el Gobierno de España, asuntos que, como el que ahora tiene entre manos Yolanda Díaz, y por ende Pedro Sánchez, no son fáciles de cocinar. Ya lo dijo el poeta estadounidense John Godfrey Saxe y lo resumió Otto von Bismark: “Las leyes, como las salchichas, mejor no ver cómo se hacen”. Las risas de Yolanda Díaz junto a Carles Puigdemont tal vez formen parte de las exigencias del fugitivo para prestar sus votos —un teatro necesario—, pero servidas así, en frío y en directo, resultan indigestas.

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