‘El cuerpo en llamas’ podría haber sido otro true crime más, pero Netflix ha conseguido darle la vuelta al género

Hace unos meses hablábamos por aquí del agotamiento que sufre, de un tiempo a esta parte, al género true crime. Es cierto que sigue siendo un filón de audiencia: hace solo unos meses, ‘DAHMER‘ se convertía en una de las series más vistas de la historia de Netflix, y ahora tenemos el caso de ‘El cuerpo en llamas’, una producción española que cuenta el caso de un triángulo amoroso de policías en Barcelona que acabó trágicamente, con una mujer como cerebro (y posible brazo ejecutor) del asesinato de uno de sus vértices.

‘El cuerpo en llamas’ ha entrado directamente en el número uno de las series más vistas en España. Se ha colado no solo en ese top, sino también en el Top 10 de 63 países donde emite la plataforma. A la vez, ha llegado nada menos que al número 2 del top global de series de habla no inglesa, precedida solo por ‘Mi dulce niña’ y exhibiendo más de 4 millones de visionados. Y eso en solo los dos días que llevaba en emisión en el periodo que registra el top.

Es decir, desde los medios podemos cantar misa o conjeturar acerca de la caída en picado del interés de los true crime, cada vez más clónicos unos de otros. Pero lo que está claro es que siguen atrayendo a un público fiel. Al fin y al cabo, ¿quién no conoce a alguien que solo consume ficciones de ese género? Aún así, el éxito de ‘El cuerpo en llamas’ puede deberse a algo más complejo (y reconfortante) que el mero morbo de explorar el caso de una asesina con unos cuantos elementos turbios: mujer, delitos dentro de la policía y un fuerte componente sexual en la trama.

Todo eso está en ‘El cuerpo en llamas’, pero hay mucho más. La serie sabe esquivar muchos de los tópicos del género, y presenta una ficción atractiva incluso para quienes estén cansados de las gastadas convenciones del true crime. La serie tiene una personalidad propia gracias a Laura Sarmiento Pallarés, su creadora, que llega aquí después de haber participado en la concepción de series como ‘Intimidad’ o guionizar la película ‘La jefa’; y de la dirección se encargan Jorge Torregrossa y Laura Mañá, que le dan un acabado visual muy especial a la miniserie.

Mucha policía, mucha diversión

En 2017, el cadáver de un hombre aparece calcinado en el interior de un coche en el pantano de Foix, en Barcelona. Es un policía asesinado por la que entonces es su amante, Rosa, y el exnovio de esta, Albert. Todos pertenecen a distintos cuerpos policiales de Cataluña, e iremos descubriendo según las sospechas se ciernen en torno a ellos una red de relaciones tóxicas y pasiones insatisfechas que llevaron al crimen.

Como en tantos true crime destacables, lo importante aquí no es qué cuenta ‘El cuerpo en llamas’, sino cómo lo cuenta: sin salirse de los estrictos márgenes del género -que suelen contar a la vez cómo se cometió el crimen y el pasado de los criminales y sus víctimas-, aquí se salta del pasado al presente de forma completamente arbitraria, a veces caótica, pero muy inteligente. Al principio de cada secuencia hay pistas que nos ayudan a saber en qué momento estamos, pero que también nos ayudan a comprender la psicología de los implicados.

Hay detalles que dan un brío perverso al relato, como los abundantes mensajes de texto que se envían los criminales y su víctima. Todos ellos los vemos pronunciados por los personajes mirando a cámara, “interpretando” el mensaje, pero inmediatamente después los vemos en la situación real en la que los escribían, a menudo contrastando con el contenido de sus palabras. Un juego malvado de intenciones y mentiras que también ayudan, sin necesidad de caer en un tono discursivo, a que entendamos las motivaciones de sus comportamientos.

Y todo ello viene enmarcado en unas interpretaciones llenas de aristas: Úrsula Corberó y Quim Gutiérrez como los amantes que llevan a cabo el crimen están especialmente certeros, dotando de un humor retorcido a la historia, y sin caer en la tentación de forzar que los asesinos nos caigan simpáticos. Los secundarios también hacen un trabajo soberbio, especialmente el marido de Rosa, interpretado por Isak Férriz, y la aguda inspectora que investiga el caso, a quien da vida Eva Llorach.

Un ritmo frenético, con constantes revelaciones para el espectador aunque conozca el caso original, hacen el resto, en un producto en el que deberían mirarse futuros intentos de true crime a la española, porque entre líneas también habla de temas como los entresijos de las fuerzas del orden (“el cuerpo” del título no solo habla de los de los protagonistas, sino del de la Policía), o las motivaciones que llevan a alguien a matar. En este caso, sin nada que ver, posiblemente (la serie no se detiene mucho en ello) con la violencia o los ataques de ira. Una pregunta más sin responder en un agujero negro de enigmas excelentemente planteados y (no) resueltos.

Cabecera: Netflix

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John Tones

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