Nacho Cano: “Blanqueo el imperialismo español porque trato de sacar la parte buena”

Nacho Cano (Madrid, 60 años) presenta la segunda temporada de Malinche, un musical que, según sus palabras, celebra “el nacimiento del mestizaje”. Una obra que nació con polémica y que ahora defiende ante el éxito comercial. Cuando lo hace, sonríe y se remanga su camiseta de manga corta y se ven aún más sus brazos musculosos.

Pregunta. ¿Imaginó que iba a haber segunda temporada?

Respuesta. Pensé en este musical a largo plazo y, además, en español e inglés. Lo pensé para el mundo. La segunda temporada es una evolución del plan inicial que va bien. Toda la oferta gastronómica y de entretenimiento es bastante mejor. El musical en inglés será viernes y sábados por las tardes para todos esos turistas alemanes, franceses, japoneses… Ese turismo enorme va al West End en Londres o Broadway en Nueva York y ahora tienen esta opción donde además se enteran de nuestra historia, del descubrimiento de América, de la expansión del castellano, de por qué somos así y ven un flamenco espectacular.

P. Un musical pensado para los turistas extranjeros.

R. Queremos darle una oferta que ya existe. Por ejemplo, en Ibiza todos los espectáculos están en inglés. Ese público ya está ahí. Es el público que va al Museo del Prado, al Thyssen, a la Puerta del Sol… y ahora tienen un musical que pueden entender. Esto es como cuando el productor de Hoy no me puedo levantar me dijo: “¿Esto qué cojones es?”.

P. De ese musical acabó usted fuera.

R. Yo no estaba hablando del musical, sino de la canción.

P. De acuerdo. Hábleme del musical entonces.

R. Había dos productores y hubo un conflicto tremendo entre ellos. Me puse de lado del que pensaba que era más proclive a la parte artística. Creí que era un musical que ya hacía bastantes beneficios como para estrujar algo que ya funcionaba bien. Eso generó una serie de historias y, bueno, me fui de ahí. Yo me empeñé en ese musical, en que el cine Rialto se convirtiera en teatro y en llamarlo Musical de Mecano, pero no me dejaron. Todo lo positivo fue mucho a nivel artístico y de lo que supuso para el mundo del musical y la Gran Vía. Fue número 1 en España y México. Cuando hay dinero, los conflictos llegan en los musicales, matrimonios y amigos. Había mucho dinero de por medio.

P. ¿Por qué no se llamó Musical de Mecano?

R. No quisieron la manager, que era Rosa Lagarrigue, y los otros de Mecano [José María Cano y Ana Torroja].

P. Rosa Lagarrigue dijo en este periódico que soñaba aún con reunir a Mecano.

R. La reunión de Mecano es un sueño para mucha gente. La carrera del grupo se paró en el momento de más éxito. Ya habíamos conseguido triunfar en español y francés y nos quedaba el inglés. Si hubiéramos logrado grabar en inglés, seguro, más de una canción sería un éxito. Es una carrera que no le dio el carpetazo final el público sino nosotros mismos. Es un poco como la historia del musical Hoy no me puedo levantar porque hay éxito y dinero. Pero, vamos, es la historia de los matrimonios y la humanidad. A los seres humanos cuando más nos cuesta y nos lo ponen peor, mejor nos llevamos y, cuando está todo bien, la cagamos.

P. ¿Tiene relación con los otros miembros?

R. Fueron tan intensos todos esos años que ya nos fuimos a vivir cada uno a un país y ya está. Nada.

P. ¿Para usted también sería un sueño la reunión de Mecano?

R. Hubo un momento que fue posible, pero ahora es imposible.

P. ¿Ni por todo el dinero del mundo?

R. Bueno, hay una cifra ahí… En torno a los cien millones de euros y se podría ver [risas].

P. En Malinche, hay una canción, Bautismo, que fue presentada en una audiencia ante el Papa. ¿Por qué?

R. Es una canción que se canta en el musical en el momento que se produce el bautismo masivo de mujeres. Son las 20 esclavas que le regalan los mayas a Hernán Cortés y una de ellas es Malinche. Es una canción que pienso que es propicia para interpretarla en el momento de los bautismos porque el bautismo es un sacramento que no tiene canción. Se la presenté al Papa para tener su aprobación y la tuve.

P. Dice que Malinche es una obra sobre “el nacimiento del mestizaje”.

R. La idea de este musical me vino cuando me fui a vivir a Miami en 2010. Observé allí lo que es el mestizaje. La fuerza del mestizaje transciende ya lo que es América Latina. Estados Unidos está absolutamente influenciado a todos los niveles por lo que ocurrió con los españoles y los aztecas y todos los que vivieron esa historia. Yo veía en las calles de Miami gente con rasgos indígenas que se llamaba García, Fernández, Pepe y Antonio. Eso me insufló el interés. Había un origen: el hijo de Malinche con Hernán Cortés. Me pareció una historia muy bonita.

P. El musical es una historia de amor donde no se habla de la subordinación de Malinche por parte de Hernán Cortés. Hay ensayos, como Cuando Moctezuma conoció a Cortés, del historiador y antropólogo Matthew Restall, que demuestran el mestizaje era un ejercicio de poder y subordinación sexual.

R. Yo no estaba allí. Tengo mi análisis con muchísima investigación que he hecho. Puedes mirarlo en el documental de Netflix sobre el musical. Me he quedado con la parte que me interesa que es la de la celebración, el mestizaje y el amor. Tampoco sé si Jesucristo hizo 5.000 panes. El artista agarra un momento histórico y hace una propuesta. Mi propuesta es que hay más cosas que nos unen que nos separan. La fusión de México es lo importante.

P. Malinche ha recibido críticas por su propuesta.

R. Imagino que el periódico en el que trabajas también recibe críticas.

P. Constantemente, pero aquí las críticas son a usted.

R. Yo sabía que iba a recibir críticas. Cuando trato uno de los temas más polémicos, sé que voy a recibirlas. Algunas tienen más sentido y otras no. Recibí críticas de El País como la de Isabel Bueno [historiadora especializada en antropología de América] y ahora es amiga mía. Ha venido al musical. Mucha gente me ha criticado al principio y, luego, han conocido la obra y se han hecho proclives. El caso de las críticas de El País es bueno porque se me hizo críticas desde el punto de vista antropológico y yo no planteo eso. Yo no intento hacer una descripción exhaustiva de los hechos. Agarro un hecho y propongo. Como en una canción. Es una exaltación de un momento de la belleza. Estoy casi convencido de que los aztecas no bailaban flamenco, que cantaban música pop y con armonías, que no bailaban música urbana… Mi intención es exaltar lo bueno de aquella historia porque es lo que al público le va a hacer tener más ganas de vivir la vida y ser más felices. Ese es mi objetivo, ya sea con este, con otro musical o con una canción.

P. Algunas críticas de El País eran hechas por historiadores y ensayistas como Pau Luque, investigador en filosofía del derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.

R. No sé si era ese artículo u otro, pero me poníais verde. No pasa nada. En El País, me habéis puesto bien y mal en 40 años de carrera. No tengo ningún problema.

P. En ese artículo, el ensayista escribe que “Cortés descartó a la Malinche como intérprete y como subordinada sexual, entregándola a otro conquistador español”.

R. Cortés nunca vendió a Malinche. Hubo un momento que, cuando acabó su relación con ella, otro que estaba con él la colocó con él. No sé cómo fue exactamente la historia. Lo que sí sé es que, anteriormente a Cortés, a Malinche la habían esclavizado y habían abusado de ella sexualmente, laboralmente y a todos los niveles. Cortés la bautizó, la hizo su amante y la hizo doña. Buscar si en un día que no hacía sol no le puso un gorro, pues, mira, no lo sé. Posible.

P. La crítica de los investigadores es que, entonces, el musical blanquea la historia del imperialismo español.

R. Es cierto. Trato de sacar la parte buena de la historia. Hay un montón de gente que se encarga de sacar la mala. Y, generalmente, con poco acierto histórico. [Silencio]. Hay una frase que yo digo en una canción: “El universo nació de una explosión”. ¿Vale? La belleza que hay en el universo nace de una explosión. Equiparo eso al nacimiento de México. Es decir, México nació de una explosión. ¿Pero la gente que me critica sabe lo que ocurría en México antes de los españoles? Por ejemplo, ¿saben que los aztecas eran solo el 2% de la población? ¿Qué tenían subyugado al resto? ¿Saben que hacían las guerras florales, que eran guerras pactadas para pelearse porque necesitaban gente para sacrificios humanos? ¿Saben que se sacrificaban niños y mujeres? ¿Saben que se comían a los sacrificados? No llegan los españoles allí y están haciendo bailes regionales… Si contamos lo malo, empezamos a contar lo malo desde mucho antes. Por eso, yo no cuento lo malo. Cuento lo bueno. Yo no he venido al mundo a contar lo malo. No tengo ningún interés en que la gente salga deprimida de aquí. Ya está mucha gente, en tu periódico y otros, para hacer eso. ¡Fantástico! Y cuidado que yo tengo un gran respeto por El País. Apoya el arte y la cultura históricamente. Probablemente, el periódico que más.

P. Malinche nació con otra polémica: la concesión del enorme terreno de 19.500 metros cuadrados por parte del Ayuntamiento de Madrid para construir un teatro y levantar una pirámide azteca de 29 metros.

R. Eso era un espacio controlado por Ciudadanos, enemigos a muerte de Ayuso. Cuando se enteraron que necesitaba insonorizar todo esto para el musical en un edificio con forma de pirámide, hubo una corriente que aprovechó esa circunstancia para utilizarme a mí. No sé bien el fin. Hicieron manifestaciones para que no lo hiciera y, entonces, me vine aquí [Ifema].

P. Finalmente, renunció.

R. Claro. Porque, si hay un sitio donde no me quieren, no estoy.

P. Una vez dijo: “Las críticas me ponen cachondo”. ¿Le sigue pasando?

R. No, a ver… Yo no dije eso exactamente. Se escribió así, pero lo que debí decir es que yo no me vengo abajo. Estaba de broma. Pero, claro, de ahí a que me titulen diciendo que las críticas me ponen cachondo… En fin, la crítica quiere decir que tú estás llamando la atención y no me vengo abajo. Me gusta la crítica constructiva porque valora lo que haces. No creo que alguien que tiene los millones de discos que yo he vendido y mis años de carrera lo haga todo mal. Esa crítica en la que todo lo haces mal tiene ya mala hostia. No me la puedo creer. Es una crítica que tiene que ver más con el sueldo que cobra la otra persona que con tu labor.

P. ¿Se considera blanco de ese tipo de crítica destructiva?

R. Sí. Y lo voy a seguir siendo.

P. ¿Le preocupa?

R. Bueno, es lo que es. El mundo es una mezcla de bien y mal. Afortunadamente gustas a mucha gente porque este musical lo han visto 200.000 personas, pero hay otras que no. Tienen otras opciones. Ya está.

P. ¿Cree que algunas de estas críticas tienen que ver por su relación con Isabel Díaz Ayuso, a la que ha llamado “salvadora de España”?

R. Cuando los teatros se cerraron en el West End, en Broadway, en Australia y el Circo del Sol, Ayuso mantuvo la expectativa de abrirlos. Llevaba 11 años de lucha con mis inversores y tenía en nómina un montón de gente y, gracias a lo que hizo, no los tuve que echar. Cuando me dio la medalla [del Arte y la Cultura de Madrid], yo la di las gracias por eso. Y eso para algunos sectores ideológicos fue un gran pecado. Ahora, parece ser que tienes que pensar, hablar y actuar como una gente diga. Yo pienso, actúo y hago como yo creo que tengo que hacer.

P. ¿Se refiere al sector ideológico de la izquierda?

R. La izquierda no es toda esa izquierda. Me relaciono muy bien con la izquierda que había en los años ochenta. Con la izquierda dialogante e inteligente. Con Felipe González, Alfonso Guerra e incluso Julio Anguita. Lo que hay ahora pues no es aquello. Aquella era gente inteligente y honesta y lo que decían era muy coherente con lo que hacían. Decían lo que pensaba y lo que pensaban era muy de verdad. No me quiero pronunciar ahora. Tengo público de izquierdas y de derechas. La política no es muy fuerte. Pero ya que me has preguntado por la izquierda te tengo que decir que aquella izquierda me parecía más permisiva, más dialogante, más elegante y mucho más positiva para el resto de la sociedad que no fuera izquierda. Me gustaba más. A lo mejor me crucifican por eso ahora. Da igual. Me quedo con Felipe, Alfonso, Julio e incluso con Carrillo. Fíjate lo que te digo.

P. ¿Con la izquierda actual no se puede relacionar?

R. No, da igual. No voy a hablar de izquierdas y derechas. Yo lo único que digo que por la única persona por la que pondría la mano en el fuego hoy en día, porque lo que dice y hace es coherente, es por Ayuso. No te hablo de derechas, izquierdas ni centro. Tengo mi propio pensamiento político. He vivido mucho y he viajado mucho. He estado diez años viviendo en Miami con muchos referentes de Cuba, Venezuela, etc. Para mí, lo importante son las personas. Tengo en mi elenco más gente de izquierdas que de derechas. Y son respetados por el talento por el talento que demuestran. Es lo que a mí me gustaría que hicieran conmigo. Que me valoraran por mi arte, por mi esfuerzo o mi energía. Porque tú te puedes levantar de izquierdas o de derechas. Porque, si hay un gilipollas de izquierdas ahí arriba, ¿serías de izquierdas? Pues no, chico. Si dices: ‘Aunque sea gilipollas, yo soy de izquierdas’. Pues, chico, no. Lo que eres no es de izquierdas, eres gilipollas. No seamos tan coñazo. Valoremos a la gente. Al que vale para que se mueva la economía, haya puestos de trabajo, se respeten las libertades, la gente esté contenta y la ciudad progrese. Ese me vale. Sea de izquierdas o de derechas.

P. ¿Ayuso vale?

R. En este momento, es la única persona que me da garantías.

P. ¿Lo dice como ciudadano?

R. Su propio partido se la intentó cargar y no pudo. Defiende unos valores para Madrid muy buenos y la ciudad está en un estatus impresionante. No soy yo solo el que lo piensa.

P. ¿No le preocupa hablar abiertamente de política? Es algo difícil de ver en músicos y, en general, en el mundo de la cultura.

R. Porque no les dejan. Porque ahora que fuerte es que una persona que ha demostrado tanto como ella yo no pueda decir que me gusta. Es muy fuerte la dictadura en la que vivimos. Esta dictadura se parece mucho a la de Franco. Mucho. Ya no puedes decir lo que quieras ni pensar cómo quieras. Hay unos patrones que te obligan a ser de una manera. Por eso, no me identifico con la gente que está en esa onda. No es libertad lo que se está viviendo ahora mismo.

P. ¿De verdad cree que no hay libertad?

R. Sí.

P. ¿Y comparado con Franco como dice? Usted, entre otras cosas, puede votar a Ayuso cuando quiera y con Franco no había posibilidad de votar.

R. Hombre, he puesto un ejemplo extremo. Sí quiero decir que no es libertad. Yo era muy pequeño con Franco y no recuerdo muy bien. Viví después de Franco y sí era libertad. Y lo de ahora no. La prueba está haber defendido a Ayuso por haber mantenido abiertos los teatros, algo que afectaba a unos chavales y a sus contratos. A mí me ha puesto parte de una izquierda a caer de un burro, incluso amenazas. Eso no es libertad. En los ochenta, decías que Felipe González o Aznar te caían mal y nadie decía nada. Me refiero a la no libertad de pensar. La de ahora es como la de Franco. Ahora que se critica tanto la dictadura y Franco y eso pues la de estos tiene algunos parecidos.

P. Pero usted puede decir lo que quiera y puede seguir teniendo sus negocios, su musical en el teatro, su carrera de músico… con Franco no pasaba. ¿Se refiere a que está cohibido al hablar? Porque no lo creo.

R. Yo no me siento cohibido. Yo voy a seguir siendo yo, aunque me critiquen, me marginen, no me den subvenciones y me intenten hacer cosas que no voy a contar. Voy a seguir siendo yo. Ahora, no existe la libertad. Ahora es una aberración. Sufrimos ahora mismo de una dictadura para los artistas.

P. ¿Quién es Nacho Cano?

R. Yo no sé quién soy, pero sí sé quién no soy. Soy una persona que soy amigo de mis amigos, que valora a las personas por encima de ideologías y gilipolleces. Las personas nacen unos negros, otros blancos y otros colorados, pero no nacen de izquierdas o de derechas. Y soy una persona que cree que la exasperación en la que vivimos en este momento en este país no le hace bien.

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