Otro país le llamó “dictador” a Xi Jinping y China no está contenta con esa descripción

(CNN) — China arremetió contra Alemania después de que su ministra de Relaciones Exteriores llamara a Xi Jinping “dictador” y convocara a la embajadora alemana para una reprimenda, en el último estallido de tensiones con una potencia democrática occidental sobre cómo se describe al líder chino en el extranjero.

La ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, hizo estas declaraciones en una entrevista con Fox News, durante una visita a Estados Unidos, la semana pasada.

Cuando se le preguntó sobre la guerra de Rusia contra Ucrania, dijo: “Si Putin ganara esta guerra, ¿qué señal habría para otros dictadores en el mundo, como Xi, como el presidente chino?”.

El Gobierno chino convocó el domingo a la embajadora de Alemania en China, Patricia Flor, para protestar por los comentarios de Baerbock, dijo este lunes a CNN un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China dijo que Beijing estaba “muy insatisfecho” con los comentarios de Baerbock y “se opone firmemente” a ellos.

La protesta contra Xi Jinping se extiende en China y en todo el mundo mientras el líder chino comienza su tercer mandato

La ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, habla durante una conferencia de prensa en el Departamento de Estado de Estados Unidos, en Washington, el 15 de septiembre. (Crédito: Olivier Douliery/AFP/Getty Images)

“Los comentarios hechos por Alemania son extremadamente absurdos, infringen gravemente la dignidad política de China y son una provocación política abierta”, dijo este lunes la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, en una rueda de prensa habitual.

La pregunta sobre los comentarios de Baerbock y la respuesta de Mao no aparecen en la transcripción oficial de la sesión informativa publicada más tarde en el sitio web la Cancillería china.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China a menudo omite contenido que considera sensible de las transcripciones de sus sesiones informativas periódicas.

No es la primera vez que China ha mostrado sensibilidad hacia la forma en que los líderes extranjeros se refieren a Xi, el líder más firme de China en una generación, que tiene un poder fuertemente centralizado y está a casi un año de su tercer mandato de cinco años, que rompe las normas.

En junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, también se refirió a Xi como “dictador”, lo que provocó una feroz reacción de Beijing.

Biden compara al líder chino Xi Jinping con “dictadores” incluso cuando Washington y Beijing trabajan para descongelar las relaciones

En ese momento, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China se enfureció ante los comentarios de Biden, diciendo que “contradicen gravemente hechos básicos y violan gravemente la etiqueta diplomática”.

En el año 2000, el predecesor de Xi, Jiang Zemin, se opuso a ser llamado “dictador” en un animado intercambio con el periodista estadounidense Mike Wallace en “60 Minutes”, de CBS.

“¿Quieres decir que soy una dictadura?”, respondió Jiang, aparentemente sorprendido, en inglés, mientras se echaba a reír y calificaba la descripción como “un gran error”.

“Hablando con franqueza, no estoy de acuerdo con su afirmación de que soy un dictador”, dijo. “Su forma de describir cómo son las cosas en China es tan absurda como pueden sonar ‘Las mil y una noches’”.

Jiang, quien murió a los 96 años, en 2022, es recordado por muchos chinos como un símbolo de una época pasada en la que se percibía a China como más libre y menos impulsada ideológicamente bajo un sistema conocido como “liderazgo colectivo”.

Eso se refería a un acuerdo de poder compartido entre las élites políticas introducido por el líder supremo, Deng Xiaoping, para restaurar la estabilidad después de la turbulenta dictadura del presidente Mao Zedong.

Sin embargo, desde que llegó al poder hace una década, Xi ha desmantelado ese modelo y ha regresado a algo mucho más parecido al gobierno de un solo hombre.

Relación delicada

Berlín tiene una relación complicada y delicada con China, su mayor socio comercial, algo que ha generado un debate y examen de conciencia dentro de Alemania, particularmente después de la invasión rusa de Ucrania.

La guerra de Moscú expuso cuán dependiente se había vuelto Alemania del gas ruso y los críticos de la política exterior de Alemania citaron vulnerabilidades similares en su relación con China.

Las relaciones se tensaron por la negativa de Beijing a condenar la invasión rusa de Ucrania, su creciente asociación con Moscú y su postura militar hacia Taiwán y el mar de China Meridional, opciones que han provocado alarma y un endurecimiento de las actitudes en las capitales europeas hacia China.

Alemania ha intentado restablecer las relaciones con Beijing y al mismo tiempo intentar reducir su dependencia económica de China.

En un documento de estrategia largamente esperado publicado en julio, calificó a China de “socio, competidor y rival sistémico” y anunció que reduciría su dependencia de China en “sectores críticos”, incluidos los de medicina, baterías de litio utilizadas en automóviles eléctricos y elementos esenciales para la fabricación de chips.

“China ha cambiado. Como resultado de esto y de las decisiones políticas de China, necesitamos cambiar nuestra actitud hacia China”, afirma el documento.

El actual Gobierno de Alemania está formado por una coalición de partidos de centro-izquierda que llevó a Angela Merkel a dimitir a finales de 2021, después de 16 años al frente de la economía más grande de Europa.

Baerbock proviene del partido Verde de Alemania y ha presionado para que se adopte una postura más dura hacia China, especialmente en las cuestiones de derechos humanos y Taiwán, una democracia autónoma que Beijing reclama como propia.

En agosto, dijo a un grupo de expertos australiano que China planteaba un desafío a los “fundamentos de cómo vivimos juntos en este mundo”.

Su discurso provocó un mordaz comentario del Global Times, administrado por el Estado chino, que la acusó de “difamar a China” y de tener “prejuicios profundamente arraigados” contra el país.

Durante una visita a Beijing en abril, Baerbock advirtió que cualquier intento de China de controlar Taiwán sería inaceptable. También dijo que Beijing se estaba convirtiendo cada vez más en un rival sistémico más que en un socio comercial y competidor.

Anteriormente, describió aspectos de un viaje a China como “más que impactantes” y dijo que Beijing se estaba convirtiendo cada vez más en un rival sistémico que en un socio comercial.

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