El PP sube el tono contra las lenguas cooficiales en el Congreso y Feijóo lo califica de karaoke

A Borja Sémper le leyeron la cartilla y el diputado popular tomó buena nota. Lo que el pasado martes fueron críticas por intercalar frases en euskera en la tribuna del Congreso y hacer un discurso contra el uso de las lenguas cooficiales en la Cámara que sus compañeros interpretaron como demasiado tibio, se transmutó este jueves en una encendida ovación. Al aplauso hasta se sumó con una sonrisa Cayetana Álvarez de Toledo, vieja adversaria interna de Sémper. La diputada de Sumar Águeda Micó no se resistió al sarcasmo: “Como diría Rajoy, Borja, sé fuerte”. La mayor dureza discursiva del PP se quedó en testimonial, porque el Congreso aprobó definitivamente la reforma del reglamento con 180 votos a favor, los del PSOE, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG, Coalición Canaria y un añadido sorpresa, el de la diputada popular gallega Rosa Quintana, que se sumó por error. PP, Vox y UPN reunieron170 en contra.

La elevación del tono de los populares no se constató solo en el discurso de Sémper. Nada más aprobarse la reforma del reglamento, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, compareció ante la prensa para deplorar los nuevos usos plurilingüísticos de la Cámara ―lo llegó a calificar de “karaoke”― y anunciar que estudiará recurrir la medida ante el Tribunal Constitucional. Feijóo insistió en su denuncia de que el empleo del catalán, el gallego y el euskera se ha permitido antes de que se reformase el reglamento para ello: “Se ha aplicado una ley antes de aprobarla, eso no sucede en un régimen democrático, será en otro tipo de régimen”. Al vincular las nuevas normas del Congreso con la posible concesión de una amnistía a los políticos catalanes con causas pendientes por el procés, el líder popular insistió en poner en duda el carácter democrático de sus rivales. Acusó a Pedro Sánchez de perpetrar un “fraude electoral agravado y reincidente” si accede a las medidas de gracia que le exigen los independentistas y sentenció: “Estamos ante un punto de inflexión en la historia democrática de nuestro país”.

Esta vez la incursión de Sémper en el euskera no pasó del “egun on” (buenos días) inicial. Su discurso no resultó tan duro como el de Feijóo, pero sí mucho más incisivo que el de hace dos días. Acusó a Sánchez de permitir que “se exporte el procés al resto de España” y concluyó con una vuelta más de tuerca: “Hoy el PSOE ha puesto en venta a España”.

Las dos formaciones de la derecha continuaron con sus maniobras de boicoteo a la medida. Como ya habían hecho el martes, los diputados del PP ignoraron los auriculares incluso cuando hablaron en euskera Joseba Agirretxea, del PNV, y Bel Pozueta, de EH Bildu. Vox protagonizó otro pequeño plante durante la intervención del peneuvista, aunque luego los dirigentes principales del grupo, con Santiago Abascal a la cabeza, se incorporaron a la sesión. Ese argumento con el que también coquetea del PP de que el procés independentista se ha extendido ahora a toda España se ha vuelto en el discurso de Vox constante y muy explícito. Abascal llama al Gobierno en funciones y sus aliados la “mayoría golpista”. “Se está repitiendo desde La Moncloa el golpismo de la Generalidad en 2017″, insistió este jueves la nueva portavoz del grupo, Pepa Rodríguez de Millán, quien señaló a Sánchez para expedir una especie de certificado de defunción de la democracia: “El afán de poder de una sola persona acaba con el Estado de derecho y la soberanía nacional”.

Los socialistas volvieron a exhibir su propia pluralidad lingüística para defender la iniciativa. El martes había sido el gallego José Ramón Gómez Besteiro y este jueves salió a escena el catalán Marc Lamuá, que hizo una intervención bilingüe. Los socialistas tratan de ignorar los reproches ―de la derecha, pero también de sus aliados nacionalistas― por abrazar ahora una medida que habían rechazado en numerosas ocasiones, la última hace un año. Lamuá insistió en la idea central que venden los socialistas: incorporar la diversidad lingüística de España no solo divide, sino que cohesiona. “Es el PP el que tensa y rompe España”, señaló el diputado del PSC.

Los nacionalistas llevan días celebrando lo que interpretan como un triunfo, pero al mismo tiempo no dejan de sembrar alguna recriminación y de subrayar que sus demandas no se acaban aquí. “Es un gran paso para la democracia”, proclamó Montse Bassa, de ERC, no sin antes avisar de que su grupo no ha promovido esta medida para “reformar el Estado español” porque su meta sigue siendo la independencia. Pilar Calvo, de Junts, insistió, como viene haciendo su grupo, en que el PSOE solo ha aceptado esto “por necesidad, no por convicción”. “Tan solo la independencia garantizará la supervivencia de nuestra lengua”, sentenció. Néstor Rego, del BNG, reprochó al Gobierno en funciones que haya decidido dar prioridad al catalán en su ofensiva para el reconocimiento de los idiomas cooficiales en la UE y lo acusó de “discriminar el gallego”.

A la hora de la votación, no se registraron fisuras entre los aliados de Sánchez. Todos se unieron para rechazar las enmiendas de PP y Vox que pedían mantener el castellano como única lengua. Y, en cambio, apoyaron otra del PNV para establecer que las leyes y resoluciones aprobadas se publiquen en los cuatro idiomas y todas esas versiones tengan valor jurídico. Para entonces, Sánchez ya había regresado de Nueva York y ocupado su escaño, desde el que aplaudió con moderado entusiasmo la aprobación de una propuesta que abre una nueva época en el parlamentarismo español.

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