Leonardo da Vinci estableció “la regla de los árboles” hace 500 años. Ahora hemos descubierto que se equivocó

Cuerpos enteros y por sus partes; engranajes, ruedas dentadas, piezas finísimas de ingeniería; aves, caballos, perros y gatos, armiños; edificios imposibles, ya vistos o apenas soñados; basiliscos; bocetos de cosas que había visto, apuntes de historias grotescas, populares y desquiciadas… Da Vinci quiso dibujarlo todo. Todas y cada una de las cosas (reales o inventadas) que había en el cielo, en la tierra y en el mar.

Y lo obsesivamente, con una precisión tan enfermiza como luminosa. Por eso, quedó fascinado con los árboles.

¿Por los árboles? Aún hoy, a pesar de conformar buena parte del mundo que conocemos, los árboles son organismos muy desconocidos. Y lo son, precisamente, porque bajo a su apariencia anodina, estática y aburrida, se esconden formas de vida tremendamente complejas: no en vano, son los organismos multicelulares más grandes que existen en la Tierra.

Y da Vinci quiso dibujarlos a la perfección. Por ello, los observó durante años y, por ello, creó una serie de reglas para representarlos con toda exactitud. Aunque, claro, al tratarse de da Vinci no solo fueron reglas de dibujo.

De hecho, algunas de esas reglas llevan más de 400 años sorprendiendo a los científicos. En especial, la que dice que “todas las ramas de un árbol, en cada etapa de su altura, tienen el mismo grosor que el tronco cuando están juntas”. ¿Cómo pudo un italiano del siglo XV captar a ojo algunas de las leyes más básicas de la ingeniería vegetal.

La respuesta es más fácil de lo que parece: no haciéndolo. Al menos en algunos aspectos de lo que conocemos como teoría del escalamiento metabólico: la teoría que explica como se organiza el mundo vivo.

Durante décadas, hemos asumido que la “regla de los árboles” era un elemento central de la teoría. Pero ya no. Un equipo de investigadores de la Universidad de Bangor en el Reino Unido y de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU) ha analizado si, como se pensaba, la “regla de los árboles” de da Vinci funcionaba con los canales vasculares.

El error de da Vinci. Esos canales sirven para trasportar agua a través del árbol y, para hacerlo de manera eficiente, la planta tiene que reducir su volumen a medida que llega a sus extremidades (“provocando una mayor proporción de capilaridad con respecto a la masa vegetal circundante”, explicaban).

Es decir, cuanto más crece el árbol la teoría de da Vinci se hace más y más insostenible. Puede ser un buen truco para dibujar bocetos, pero no es una descripción profunda de la naturaleza vegetal.

¿Y por qué importa esto? Parece una curiosidad histórica, pero en realidad es algo clave. Hasta este momento, no había razones para pensar que “los árboles grandes fueran más susceptibles a la sequía y pudieran tener una mayor vulnerabilidad al cambio climático”. Es más, las observaciones que teníamos no cuadraban muy bien.

Ahora, con estos cálculos nuevos, tenemos una explicación (y una muy sólida) para entender bien estos procesos. De hecho, esta nueva teoría del escalamiento metabólico nos permite medir mejor la capacidad de capturar carbono de los árboles. Algo que en estos tiempos es una cuestión (casi) de supervivencia.

En Xataka | Acabamos de resolver el enigma que intrigó a uno de los mayores genios: la paradoja de Da Vinci

Imagen | Arnaud Mesureur


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Javier Jiménez

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