Claudia López rompe con Petro y se alza como un nuevo frente opositor

Claudia López y Gustavo Petro tienen una cosa en común que puede llegar a sacar de quicio a sus equipos. A los dos les encanta usar el teléfono y su actividad en Twitter ―ahora X― puede resultar frenética. La red social ha sido escenario de una relación de altibajos ―más bajos que altos―, con encontronazos memorables, como cuando López acusó a Petro de “incendiar Colombia y generar caos” durante el estallido social de 2021. El entendimiento entre ellos nunca ha sido fácil, pero hasta ahora había resultado útil. Los dos comparten parte del electorado y poco antes de las elecciones que llevaron a Petro a la Presidencia se llamaron, se vieron e hicieron las paces. Ahora que los dos ocupan los dos puestos con más relevancia política del país ―López de salida y Petro en horas bajas― ya no se sabe quién le puede resultar útil a quién. La alcaldesa ha abandonado cualquier tibieza y se ha lanzado de frente contra el presidente como una opositora más.

No es la primera vez que López critica a Petro desde que asumió el poder, pero nunca como hasta ahora. En estos últimos días, ha dicho que el presidente anterior, el derechista Iván Duque, hizo más por la pobreza que Petro y ha acusado al Gobierno de hacer “un saboteo y maltrato sistémico” a Bogotá. Pocas cosas le han podido doler más al presidente que prometió luchar contra la pobreza que el dardo sobre Duque, al que contestó airado con que eso era una “barbaridad histórica”. Así ha seguido el intercambio aumentando la tensión día a día. Las razones puntuales, que no profundas, de este enfado están en la decisión del presidente de paralizar unos planes urbanísticos en la ciudad. La alcaldesa asegura que el anuncio “bloquearía del todo” el ingreso por el norte de quienes viven en la capital. “¿Eso es lo que usted le devuelve a Bogotá que le dio el voto de confianza definitivo para llegar a la Presidencia? No hay derecho. Bogotá se Respeta!”, tuiteó hace 10 días.

El desencuentro llega en un momento político clave para ambos, con la celebración de las elecciones regionales y locales el próximo mes. Para Petro es una cita crucial porque los resultados definirán el apoyo territorial que tendrá el Gobierno nacional para poner en marcha sus políticas. Para López no es menor, de las urnas saldrá su sucesor y empezará la cuenta atrás para su salida de la Alcaldía, el 1 de enero de 2024. No es ningún secreto que Gustavo Bolívar, el candidato del Pacto Histórico, partido del presidente, no cuenta con las simpatías de la alcaldesa.

López se ha situado siempre más cerca del centro que de Petro. En la campaña presidencial, a través de su partido Alianza Verde, tampoco le dio su apoyo sino hasta el final, cuando ya era un hecho que el centro político no tendría ninguna relevancia electoral. Sin embargo, en los comienzos del mandato, la alcaldesa se sumó al entusiasmo que generó la llegada del primer gobierno de izquierdas en la historia moderna de Colombia. Hace justo un año, en una entrevista con EL PAÍS, hizo gala de un apoyo cerrado que hoy suena demasiado lejano: “El presidente está honrando su mandato de cambio. Es osado, audaz, eso lo trajo hasta aquí. Estoy arremangada para ayudarle a que le vaya bien. Soy parte del proceso del cambio. Yo soy más de centroizquierda, controversial, a veces dura. Pero estamos ahí”.

Hay quien ve en López una presidenciable clara para 2026 y ella nunca lo ha negado. “Si uno quiere transformaciones, hay que competir por representar a los demás”, dijo en la misma entrevista. En esos tiempos, unirse al proceso de cambio que proclamaba Petro y que llegó a sumar un 56% de aprobación parecía el camino más recto para una eventual carrera hacia el Palacio de Nariño, pero el primer año de Gobierno cayó a plomo sobre los hombros del presidente. Su desaprobación es hoy del 61% y, aunque aún le quedan tres años de Gobierno, se extiende la sensación de desánimo no solo entre sus adversarios.

López podría estar buscando capitalizar el mal momento de Petro marcando distancias y tratando de hacer una oposición blanda frente a la derecha más radical, que sobresale en medio de una oposición desnortada y sin líderes visibles. A ella, sin embargo, los números tampoco le sonríen. Fue la alcaldesa de Bogotá con el mayor nivel de aceptación de la historia, con un 89%, pero ahora su desaprobación es la misma que la del presidente, un 61%. No son los mejores números para una carrera política a la Presidencia, pero por delante aún quedan tres años en los que López, ya fuera del cargo, será quien marque su relación con el presidente.

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS sobre Colombia y reciba todas las claves informativas de la actualidad del país.

Seguir leyendo

Post Relacionados

Suscríbase a nuestros boletines

Únete a nuestra comunidad de lectores informados y mantente al día con las noticias más importantes.