La Agencia Internacional de la Energía marca distancias con la crisis de 1973 pero avisa del riesgo en Oriente Próximo

Cinco décadas justas después el paralelismo es tentador, pero 2023 no es —ni remotamente— 1973. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha aprovechado este martes la publicación de su principal informe anual para marcar distancias entre la actual coyuntura energética —difícil, sí, pero manejable— y la que se vivió aquel año de infausto recuerdo para Occidente, cuando otra guerra árabe-israelí (la del Yom Kipur) llevó a los países petroleros de la región a aprobar un embargo que abrió la caja de los truenos en el mercado del crudo.

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