El PSOE nacionaliza la campaña de las gallegas

El PSOE explotará en las elecciones gallegas la gran paradoja del PP. Los socialistas, que limitan su presencia en la Xunta a un breve periodo a finales de los ochenta y el gobierno de coalición con el BNG (2005-2009), creen que Alberto Núñez Feijóo les ha abierto una ventana de oportunidad con la decisión de convertir los comicios del 18 de febrero en un nuevo plebiscito a Pedro Sánchez. Lo último que se esperaban en Ferraz y La Moncloa era que Feijóo, que en sus cuatro victorias con mayoría absoluta en Galicia huyó como de la peste de darles a las elecciones una dimensión nacional —hasta el punto de esconder el logo del PP en los carteles de la campaña de 2020 y de llevar por lema “Galicia, Galicia, Galicia”—, marcase la estrategia a seguir con un giro de 180 grados a Alfonso Rueda, el sucesor que designó tras su salto a Génova.

“Aquí sí nos viene bien”, afirman en la dirección del PSOE sobre la reiteración del PP por la misma apuesta que le dio tan buen resultado en las autonómicas y municipales del 28-M, pero que le resultó calamitosa en las elecciones generales del 23-J. La gestión de la crisis de los pellets de la Xunta ha contribuido a poner el foco estatal a la campaña. “El PP siempre hace lo mismo cuando tiene cualquier tipo de problema, ya lo vimos en la catástrofe del Prestige: se esconde y echa las culpas a otros, sin afrontar las consecuencias y sin mostrar el liderazgo necesario”, resaltó José Ramón Gómez Besteiro a su llegada a la segunda jornada de la convención política del PSOE en A Coruña.

El PSOE espera que sirva para activar al electorado progresista en una de las comunidades autónomas donde más significativo es el voto dual. Los datos lo dicen todo: el PSOE obtuvo en las generales de 2019 y 2023 casi medio millón de votos, pero se quedó en 420.000 papeletas en las últimas municipales. En las autonómicas de 2020 el resultado fue mucho peor: 253.000 votos, es decir la mitad que cuando se vota en clave nacional. Por eso son partidarios de nacionalizar las gallegas.

La fortaleza del PP en su gran bastión de Galicia, donde juega un papel que ha impedido la competencia de una derecha regionalista y que tampoco le permite arraigar a Vox, es al mismo tiempo su gran debilidad. Sin posibles socios parlamentarios, Rueda está obligado a lograr la mayoría absoluta. Es decir, lograr 38 diputados, cuatro menos de los que Feijóo firmó en 2020 (el BNG obtuvo 19 y el PSOE 14). Un cambio en la Xunta, es decir en el patio trasero del PP estatal de Feijóo, tendría un impacto enorme en la dinámica política de un año con elecciones en País Vasco —donde el PP no tiene opciones, según los sondeos—, europeas y que se puede cerrar con un adelanto electoral en Cataluña, otra comunidad donde el partido de Feijóo no cuenta con posibilidad para gobernar.

La división a la izquierda del PSOE —Sumar y Podemos concurrirán por separado al Parlamento gallego, que exige un 5% de votos para tener representación— es un impedimento para lograr la suma necesaria con el BNG, por delante de los socialistas en las encuestas. Pero las expectativas de Besteiro han aumentado los últimos días conforme se repetían las advertencias desde la dirección del PP: el portavoz en el Congreso, Miguel Tellado, pidió “concentrar el voto de centroderecha para blindar la estabilidad de Galicia”.

En la sala de máquinas de Besteiro calculan que tendrían opciones si el 18-F la participación supera el 60%. Para enchufar a sus votantes y movilizar 4-5 puntos de votantes progresistas, Pedro Sánchez y los pesos pesados del partido y del Gobierno —fusionados aun más en la ejecutiva federal que el comité federal ratificará este domingo— se volcarán en la campaña de Galicia. La idea es que el presidente tenga actos en las cuatro semanas que restan hasta las elecciones. Y cómo no, José Luis Rodríguez Zapatero se multiplicará. Los escaños en juego, y que podrían decidir el resultado de las elecciones, son los restos en A Coruña, Pontevedra y Lugo. Se trata de las provincias con más voto urbano y a eso se aferra el bloque progresista: el PP solo gobierna una de las siete grandes ciudades gallegas (Ferrol). A Coruña, Vigo y Lugo tienen regidores socialistas, y Santiago y Pontevedra, del BNG. En Ourense, el PP se podría ver perjudicado por los votos que les mordiese Democracia Ourensana, el partido de Gonzalo Pérez Jácome, el alcalde de la capital provincial.

La elección de A Coruña para albergar la primera convención política del PSOE es, además, un guiño a la España periférica, la misma que el 23-J acudió al rescate de Sánchez: los socialistas no eran primera fuerza en Cataluña y Euskadi en unas generales desde 2008 y en Navarra desde 1986. “Que el PP nos acuse de romper España es paradójico, cuando fue el PP el que estuvo a punto de romper España en 2017. El PSOE es un partido que actúa como pegamento social porque cree en la cohesión y en la igualdad, que es la garantía de la convivencia″, sintetizó Eneko Andueza, candidato en las vascas que se barajan para abril.

Consolidación de una España federal

Profundizar en el modelo federal que el PSOE propone para España es una de las patas maestras en las que el partido se reafirmará en la convención. “La Declaración de Granada [de 2013] fue la respuesta del PSOE a la crisis territorial que ya se manifestaba, y que se agravaría en los siguientes años. Planteamos un pacto federal para profundizar en la mejora del estado autonómico”, recoge el documento estratégico que aprobará el comité federal, en el que se recalca la aspiración de “constitucionalizar los avances realizados hasta el momento que vienen a reflejar la progresiva federalización del sistema”: “Esto supone incorporar a la Constitución los instrumentos propios del federalismo”.

La forma de dar los pasos para conseguirlo será la cogobernanza. Es decir, “reforzar los instrumentos de cooperación voluntaria del Estado con las comunidades autónomas y de estas entre sí, así como desarrollar la función de coordinación cuando la Constitución se la atribuye al Estado”, contempla el documento con el propósito de conseguir la “permanente voluntad de integrar cada vez mejor una España diversa y plural”.

La pandemia impulsó los mecanismos de cooperación entre el Estado y los territorios, ya fueran las conferencias sectoriales o las conferencias de presidentes. “La cogobernanza debe consolidarse en el proceso de toma de decisiones al ejercitarse las respectivas competencias. Los distintos niveles administrativos han de asumir que la superación de los desafíos a los que nos enfrentamos requiere una acción concertada […] La cogobernanza es el mejor instrumento y el marco óptimo para renovar el esquema de relaciones entre las comunidades y el Estado y de las comunidades entre sí. Frente a la unilateralidad que ha caracterizado siempre al centralismo, la cogobernanza implica la participación y el intercambio entre niveles de gobierno. Y entraña la cooperación y acuerdo, basados en los principios de buen gobierno y lealtad institucional”, defienden el PSOE en su hoja de ruta para la legislatura.

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